martes, 1 de abril de 2014

1 de abril.

La noche la pase todo lo cómoda que pude, pues aunque el aula era amplia y disponía de todo su espacio a mi antojo, las baldosas resultaron duras y frías, con lo cual apile las colchonetas y conseguí unos cinco centímetros de aislamiento en un rincón, el descanso reparo mi cuerpo y apenas se vio interrumpido por la lluvia y el viento que agitaban ventana y puertas.
Después de asearme y recomponer el aula, me dispuse a partir, no sin antes tomar un desayuno sencillo y frió, incluidas unas sardinas por eso del omega-3 y un buen trago de vino por templar el animo, y dando gracias, que es lo que había.
Aligere un poco la mochila, pues era menester aflojar la carga de inutilidades hasta el momento, y dadas las tribulaciones y pesos que el día anterior había soportado, llegado el caso de necesitarlas posteriormente ya lo resolvería como pudiera.
Cure dos ampollas que el día antes me habían salido y sin resistirme a la tentación ,volvía escribir en la pizarra, sin ser alumno y sin profesor, agradecí al pueblo de Robliza de Cojos que me acogió y al teniente de alcalde, Emiliano, que diligentemente me atendió.

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Debido a que la noche fue intensa en lluvia, y dadas las características del terreno por donde discurría la etapa y las advertencias de Emiliano, tuve que variar mi camino, y aún siendo yo persona intrépida, convine a entrar en razón, el Arlanza no merecía un chapuzon mio y de mis pertenencias, muy a mi pesar deje la cañada y la aventura, y rodee por la nacional, con lo cual cambie paisaje de encinas y carrascos, por asfalto, ruidos y señales, la travesía se hizo monótona y ruidosa, con el viento azotándome de lado y haciéndome trastabillar de vez en cuando, y eso ha pesar del peso que portaba, con tanta similitud, deje de mirar los hitos, pues de tanto mirar no encontraba el del kilómetro, osea que fije la vista al horizonte y patee el asfalto.Al cabo de unos diez kilómetros, me encontré en el cruce de Aldehuela de la Bóveda, animado por el olor a guiso, a brasa y humo, y ya con hambre y ganas de soltar la mochila, me abalance a un pequeño establecimiento que el causante de dichos efluvios, buena cuenta di, de un café y unos torreznos, y aunque la mezcla no es del todo correcta, a mi me cayo que ni pintada, pues el café estaba cargado, y la papada en su punto, que a gloria me supo.
Viéndome la pinta que llevaba, tanto tabernero, como dos parroquianos que en ese momento estaban, me interrogaron, -de donde vienes?, donde vas?, pues, no esta el tiempo!! hoy, pinta lluvia y viento!! , doy fe de ello, contésteles esas y otras preguntas, pues yo ya estaba caliente y con la barriga algo llena, y su conversación me metí, por ser esta de campo y ganado y ser tema que conozco, al final y tras el ultimo torrezno, José Ángel, apodado " Cañero" y propietario según dijo, de unas cuantas reses, recias, eso si, que claro lo resalto, se ofreció a acercarme un poco, pues pasaría por el prado donde pastaban las susodichas, cosa que no rechace, pues a parte de ser buen caballista, según me relato, calvo, y con varios pendientes, su carácter era afable y abierto, no se hable mas, eche la mochila encima de un capote, que no me estraño que estuviera en el coche, dada la zona y el personaje, y entre cuernos y polvo, amen de tornillos, alambres y tenazas, sacos vacíos y restos de paja llegamos a San Muñoz en agradable charla y habiendo conocido sus vacas y sus tierras.
El mismo se ocupo de avisar a Ismael, el alguacil y darle la noticia que un peregrino había llegado, echas las presentaciones de rigor y habiéndome entregado las llaves del hogar del peregrino y explicado el funcionamiento de los enseres, volví a deshacer la mochila, no por desordenar, si no mas bien por indagar me de que más me deshacía. Al poco recibí la visita de Tomas, el padre de Ismael y encargado del hogar y también peregrino de esta ruta, hecha en varias etapas y épocas, y que amablemente me informo de lo que me acontecería de aquí en adelante en cuanto a terreno.
Una vez repuesto de la caminata mañanera, y tomada la decisión de lo que me despojaría, salí a conocer el pueblo y sus gentes, habida cuenta de que aunque cojeando un poco, por las ampollas,porque la mochila se quedo descansando,o porque venia de Robliza de Cojos y algo se me contagio, me perdí por las calles, buscando algo curioso que fotografiar, y vaya si lo encontré, al menos para mi, aparte de la iglesia
y del reloj de la plaza, que en obras andaba, y con los tiempos que corren es de agradecer, pues cinco operarios afanosos andaban.
Me encontré esta fachada y esta pintada:

y este enfoscado de un admirador del cuerpo femenino, y artista de la paleta y el frotas.

Me acerque a uno de los bares, de nuevo guiado por el olfato, que en estos menesteres no me suele fallar, y convenido el precio, buena cuenta di de unas lentejas y unas carrilleras, pues no era menester volver a tirar de sardinas en lata y de embutido y dado que el día estaba fresco, algo caliente me vendría bien, lo acompañe con buen pan, al menos reciente y lo regué con vino, de postre unas fresas por eso de las vitaminas y con un café y un aguardiente me di por satisfecho en el estomago y en la cartera.
Pintoresco el abuelete que me acompaño en el café, que se hizo con la prensa, pues a eso venia, según me dijo, a tomarse un vino y ver los que habían muerto, curiosidades de los vivos, pensé yo. Pregúntele por el alcalde y buena cuenta me dio, hasta de donde procedía y con quien dormía, cosas de los pueblos, pensé yo, y le deje con la prensa, mas que nada, por si acaso me preguntaba: -y tu, de quien eres? y le tenia que dar las explicaciones de mis progenitores, para su conocimiento y posterior divulgación al primero que le escuchara.