jueves, 10 de abril de 2014

Casi a mitad de camino.

Adelante con la Cruz,
dije, y proseguí la estrada
a Ponte de Abad, que Dios
dé a sus ojos cataratas.

Salí, de Trancoso, al que llegue de noche, a trancas y barrancas y con un coro de ladridos, la ciudad ya la había conocido en otras visitas anteriores, pero aun así fui a despedirme de Bandarra, pues de niño circulaba un dicho entre los mayores, que cuando un niño daba guerra o no hacia caso, le decían que era un "bandarra", Gonzalo Bandarra, fue un famoso, poeta, trovador y zapatero de esta ciudad.
Despedido, el tal Bandarra, descendí la atalaya de Trancoso por la Fraga Acavalada, hasta Sintrao, allí que de antiguo se llamaba la Fraga dos ladrones, esto me lo comentaban D. Antonio Fonseca  mientras llenaba mi cantimplora y Cremilde me servia un oporto, el cual deguste en compañía de unas nueces y unas avellanas, una amena charla en el porche y un poco de frescor, amenizaron el encuentro que no quise alargar a pesar de su insistencia en que me quedara a comer con ellos, rechace su invitación todo lo cortes que pude y supe, aun así me obsequiaron con unas manzanas, de ellos me despedí con un fuerte abrazo, de esos que te hacen sentir, cariño y disposición a reconfortarte. Comencé la subida por entre los pinos, no sin mirar una vez mas hacia atrás, y saludar.

Luego, volvería a acordarme de ellos, cuando me comiera las manzanas. Rodeado de pinos, las mas de las veces, por pistas de tierra y peña, que mas de un tropiezo daba, y buscando las señales que me indicaran que andaba en el camino correcto, a veces, me acompañaba el desasosiego de no saber si la dirección era la correcta, pero transcurridos unos cientos de metros volvían a aparecer ante mi esa flecha amarilla que tanto ansiaba ver.

A ratos, unas veces más otras menos, el desanimo me entraba, el cansancio hacia mella, la soledad, los recuerdos, entonces me ponía los cascos y la música de Fito, y entre pinos, robles, peñas, yo iba cantando y mi bastón a modo de guitarra punteando las notas, y así a voces por el campo se me curaba el bajón.
.
Atravesé el río Mel por un pontón de piedra y aquí pude refrescarme, de la subida y de la bajada, de mis ánimos y mis desánimos. Continué hasta Benanvede, donde nadie vi, el sol estaba haciendo mella y las revueltas subidas y bajadas continuas también, de vez en cuando encontraba un riachuelo para refrescarme y para dejar el rigor o la bonanza del tiempo.

Los paisajes que iba viendo, magníficos, pero  a pesar de esta belleza, se echa de menos alguien con quien compartir estos instantes, me hubiera gustado tener a la gente que quiero a mi lado, en muchos momentos de este camino.
Continué mi camino en la mas absoluta soledad, cansado, agobiado por el sol y triste, atravesé Peroferriro, y me detuve, necesitaba alejar de mi el desaliento.
y lo deje caer en la corriente, y lo vi alejarse, por el arroyuelo, al río Tavora, y luego quizás al mar.
Pase Lezírias y no hice caso al letrero, pues yo contaba con buenos amigos.

Y llegue a Ponte do Abade, cansado, dolorido y allí, pare y se paro el tiempo.
Me senté sobre una losa de granito, en un pórtico descuadrado con un escaparate traslucido de tiempo, donde unas chanclas de playa descoloridas y solitarias se vendían, en un Portugal interior, un establecimiento de otros tiempos, lleno de calendarios, donde una Virgen de Fátima compartía pared con una chica en top-less, y allí me quede sentado, en la piedra, tratando con el dueño mi pernocta, no había problema, nunca hay problema, me dijo, mientras llamaba a su señora, el peregrino se queda, te gosta bacalau?, si, obrigado. Y se alejo con su bici, y yo me quede solo una vez mas, viendo pasar, parado, estático como la piedra.

como los calendarios que tenia frente a mi, el de 2006 anunciaba un lagar de aceite, solo se arranco la hoja de enero, el de al lado de 2001 se detuvo en marzo, el del 2000 ni se estreno, seguía con el feliz Año, no había tele, solo una radio de bombillas, silenciosa, queda y muda, la señora trajinaba en la lumbre pero yo solo oía el ruido de la loza, y yo seguía mirando las paredes, cavilando el porque y la razón, las botellas todas sin empezar, oportos, coñac, vinos, aguardientes, reposaban, esperaban. Volvió D. Manuel Seixeira con alface recién cortado, y se dispuso la cena, bacalao cocido con patatas, alface, pan de maíz y vino de su cosecha, y me contó su historia, sus años en Alemania, su regreso a su tierra, sus tiempos buenos, sus alegrías, cene en silencio, escuchándole su esfuerzo por hacerse entender, la señora salio y le di las gracias, y desapareció.
Me acosté en una cama quejica, mientras hojeaba un tbo de la guerra de Corea, y el tiempo conmigo se durmió.

Despedime, y por las piernas,
seña en ellos la mas grata,
me abrazaron, porque allí
aprisionan, cuando abrazan.

A primera hora de la mañana marche, con dos manzanas, un trozo de pan, y la bota llena del vino de D. Manuel Seixeira, despidiose desde la ventana, quizás, ya no le volvería a ver, y con un -Buen camino peregrino! deje atrás Ponte do Abade, su tiempo, mi tiempo y ascendí hasta
Sernancelhe, rodeado de castaños, todos ellos muy bien cuidados y queridos, porque es tierra de castañas.
...Nas margens das terras do Demo, esta terra tem, à veces, ares de Paraíso, junto ao río Távora, con suas aguas mansas...
...Os camponeses fazen magustos con elas en Novembro e com vinho novo. (Aquilino Ribeiro,Terras do Demo)
Con mi mochila me perdí por sus calles empedradas, paseando lentamente, viendo su iglesia románica
su Pelourinho,

su arte en las calles y su música,
me detuve en cada plaza, en cada rincón, me empape de su esencia, lo deguste, lo viví, lo retuve en mi memoria y lo encerré en mi tarro de recuerdos.
Mesmo a Senhora da Lapa
planton seus castanheiros
a sombra serve de capa
nas novenas aos romaneiros. (Jose Campos Portinha)
Adiós Sernancelhe, ya estas en mi corazón.
Baje hasta Vila da Ponte, donde no entre, pues quería continuar mi camino por la orilla del Barragen do Vilar, con ganas me quede de darme un baño, pues en otros barragen me había bañado y en buena compañía, las aguas invitaban

tampoco subí al santuario de A Nosa Senhora das Necessidades, que me perdone pues, no halle necesidad alguna en ese momento.
Continué hasta Penso y allí almorcé el pan de maíz y el vino de D. Antonio Seixeira, al lado de una escultura, oyendo tan solo el trinar de los pájaros y los pensamientos que bullían en mi interior, las golondrinas se agitaban en los cables, ya habían transcurrido diez días desde mi marcha y atrás habían quedado muchas personas queridas, con cada paso dado, mas las sentía , mas añoraba y mas recuerdos volvían a mi, puede que Becquer tuviera razón.
Y el camino siguió, fluyendo, como me dijo Jacinto.
y al calor fui conociendo, gentes, sitios, personas, caminando, con paso a veces lento, otras decidido
el camino todo me iba dando
y así entre asfalto y tierra, entre fuego y agua, entre soledad y compañía, llegue a Moimenta da Beira.