miércoles, 16 de abril de 2014

Agradecimientos

Salí de Braga entre sus calles engalanadas de Semana Santa y con música sacra, quizás Mozart, sonando por sus calles, no en vano esta ciudad tiene una gran religiosidad, que pone de manifiesto en cualquier rincón.
Su seo, magnifica, expendida, me impresiono lo poco que vi, salí no habiendo querido acercarme más a ella, salí con una primera impresión grata, como de un próximo enamoramiento, debería volver, me había gustado su primera imagen y querría acercarme de nuevo a ella, para irla conociendo, para cortejarla, para tocar sus piedras, para degustar sus reflejos, sus sabores a vinho verde, su translucidez.
Dejaba esta ciudad con un tarro de recuerdos ya contados, ya transmitidos a vosotros, ansiosos quizás, de des-taparlos, unas veces de mañana, otras de noche, volviendo a leer mi cuaderno, volviendo a transitar por las imágenes, los momentos captados, recomponiendo trazos, afianzando escritura, pongo a vuestro alcance una parte, una muestra, un trocito de mi mismo, unos retazos de este camino que os transporten a él y a mi sentir, cual pasajeros de mi ser, silenciosos, ciegos, hasta que yo, os hago ver, os hago sentir y con vuestra propia voz os contáis esta historia ya escrita, ya contada, ya vivida.

Caminando entre la gente, sonriendo a mi dicha, agradeciendo el sol de la mañana, respirando el aire de la mañana, que me olía a "pao quente" y a lilas, con la mochila pegada a mi espalda, haciendo sonar mi bastón en el empedrado uniéndolo al eco de épocas pasadas.

Pisando largamente la calzada XIX que me llevaría a Ponte da Lima, entre huertos y viñedos, entre casas solariegas y casitas humildes, campos baldíos y bosques de eucaliptos, entre arroyos y manantiales.

Que imagen podría elegir para enseñaros todo lo que estaba viendo, lo que estaba disfrutando, sin importarme el calor, todo era magnifico.

Elegí esta porque en días de calor, como este, siempre encontré en el laberinto del recorrido un lugar donde refrescarme, donde aclarar mi vista, para captar nuevos espacios.
Llegue al atardecer a Ponte da Lima, cuando los últimos rayos de sol pugnaban por atravesar la montaña para continuar iluminando el río Lima, cuando sus gentes se recogían, cruce el ponte y al río del olvido, al que tropas romanas temieron, creyendo en la leyenda de quien lo cruzase se olvidaría de quien era, cruce y os llame para tener consciencia de que no os había olvidado, al igual que el general llamo a sus soldados uno por uno después de atravesar el, ah! era tan solo una leyenda que quedo en estas aguas, vosotros junto a mi habíais cruzado.

Salí al amanecer de Ponte da Lima, después de haber dormido poco en compañía de unos peregrinos, alborotadores, ahora el camino tomaba otro matiz al unirme ya a la ruta del camino portugués.

A partir de aquí era consciente, de que a cada momento iba a encontrarme caminantes, no se si con el mismo afán o el mismo deseo que yo, pero ya lo averiguaría.
Camine disfrutando por la orilla del río Labruja, hasta el ultimo punto de avituallamiento, donde pude hacer una parada tranquila en compañía de los caminantes, era la primera toma de contacto, luego el ascenso nos distanciaría, no me importaba, es mas, busque ese distanciamiento, al menos por hoy, llevaba ya una idea rondándome por dentro, quería seguir disfrutando de lo que otros quizás no percibiesen.

El fluir del agua, el sentir del bosque

el rocío en las parras que empezaban a brotar

yo ya iba acompañado de todos y quería hacer algo especial, algo que quedara como recuerdo y como tributo, coji agua de la fuente de las " tres bicas", antes de subir y lave una piedra para limpiarla del polvo.


 y decidí subirla a lo mas alto de este día, de esta forma quería agradeceros, a todos, sin excepción, ni orden, el haber, el seguir formando parte de mi vida, llenándola de muchas formas y sabores, todo me lo fue dando el camino, la piedra, la flor, la gomita que encontré para sujetar la flor, el cielo y una roca en lo alto, en lo mas alto, habíais llegado con mis sentimientos, con mi fortaleza, ascendiendo paso a paso, firmes y seguros, y allí desee que os quedarais un ratito, un siempre, un instante, un recuerdo, todos,sin excepciones os debéis sentir reconocidos, en esa piedra, en esa flor, en ese cielo, y en esa tierra, porque ese fue mi deseo, junto a mi pulsera preferida que simbolizaba mi yo y que siempre me acompaña, pensé en escribir algo bonito, cuando llegara a la cumbre, pero cuando llego el momento, tan solo me salio me salieron unas pocas palabras, quizás sin coherencia, quizás repetidas, pero sentidas para todos los que formáis parte de mi vida y estáis bajo el mismo cielo que yo: "Llegue hasta aquí con la piedra que había encontrado en mi camino, al igual que a todos vosotros, deje que me acompañara, con su belleza, sus deformidades y su peso, y con gratitud y recuerdo la deje aquí, quedándome con la alegría de haberme acompañado en mis buenos y malos momentos. Para todos, aquí queda una piedra, una flor, un cielo, un todo, deseo que sigáis conmigo todos."

y así, cumplí un deseo, fraguado, querido, ansiado en este camino. Y descendí hasta Rubiaes feliz por lo que acaba de hacer.