viernes, 16 de enero de 2015

Convoy

    Esa mañana sentí un golpe de aire frío golpear mi rostro, no se de donde procedía, la ventana continuaba cerrada al igual que la persiana que aislaba la estancia. Fue como el golpe de aire que produce un abanico.

Vuelvo a cerrar los ojos.

Antes de ayer fue martes y por azar del calendario 13, llovía, el pez seguía flotando en la ridícula piscina azul del patio inferior, de vez en cuando el viento lo agitaba. Me he dado cuenta de que esta solitario y parece que es inmune a las inclemencias del tiempo. Es de color naranja y sus ojos de plástico creo que me miran sonriendo.

No creí que se fuera nunca.

Abro los ojos. Esa chica sigue llorando mientras observa la pantalla del teléfono, a veces se sorbe los mocos, produciendo un estraño ruido. Gimotea, justo cuando una lagrima golpea la pantalla, rápidamente frota el telémovil contra su pantalón mientras con la otra mano se sube las gafas para ajustarlas al puente de la nariz.
Me sumo de nuevo en la oscuridad.

No tengo recuerdos del día anterior, ni tan siquiera de las horas siguientes al golpe de aire, puede que le diera un beso.

Elevo un poco mis parpados, el anciano que permanecía dormitando frente a mi, se ha despertado y no recuerda donde esta, se agita nervioso y mete las manos en los bolsillos, no se que busca, revuelve en su abrigo y saca unos papeles algo arrugados, los observa mientras cuchichea algo ininteligible para mi con su acompañante. Su acompañante me mira abriendo los ojos para llamar mi atención mientras continua con el teléfono pegado a su oreja. Tiene unos ojos brillantes. Yo, elevo los hombros trazando una interrogación. No sonrío. Acabo de percibir el temor de ese anciano, he captado su preocupación. Siguen hablando en voz baja. Los tres. Ella me vuelve a mirar y sonríe mientras desliza la mano libre para acariciar el torso de la del anciano. Le oigo respirar con alivio.

Aún permanecía en la cama cuando salí de casa amortiguando mis pasos para no despertarla.

El joven que ésta de pies lleva una gorra visera que me gusta, me pregunto donde la habrá comprado, permanece estático frente a la puerta, se mira el pecho y recompone su chaqueta y la bufanda azul casi del mismo tono que la visera que cubre su cabeza afeitada. Percibo que se siente elegante y a mi me gusta su gorra.

¿Bese su mejilla?

La miro de frente sin bajar la vista mientras ella camina hacia el joven de la gorra, tiene un parecido inquietante a una tía de mi ex-mujer.
Un sonido hidráulico trae consigo una ráfaga de aire frió.
Se alejan de mi vista a través del cristal esmerilado de gotas de agua.
El anciano se apretuja contra el abrigo, también ha sentido el aire frío. Su acompañante sonríe y continua susurrando a través del móvil, ahora ya se de donde viene el fulgor de sus ojos.

Había mañanas que no la besaba. Aquellas, que la sentía acostarse tarde y que deslizaba sus pies acercándolos a los míos tratando de no despertarme con su frialdad.

La joven ha dejado de llorar y ahora desliza sus dedos por las paginas de una agenda escolar, curiosamente sin ninguna anotación, la devuelve al bolso y suspira frente al móvil, percibo sus ojos húmedos a través de los cristales de sus gafas y su tristeza.
Se acerco a mi por la espalda y le entregue el tique. Gracias, me respondió alejándose dos pasos mientras agitaba un manojo de llaves pequeñitas.
Una mujer madura revuelve en una bolsa de supermercado, escucho el sonido del plástico, saca una loncha de queso y la dobla varias veces antes de introducirla en su boca. El bolso se desliza de sus rodillas para chocar contra el suelo, lo recoge, en una funda de tela vuelve a introducir los envases de las pastillas, reconozco el de las aspirinas.
Hoy no me he afeitado.

Aquella mañana tampoco, lo sé porque  era sábado.

La chica que esta a mi lado se ha quitado los cascos y se ha incorporado justo cuando yo recogía la mochila, en ese instante el convoy se detuvo.
De nuevo una ráfaga de aire frío entro en el compartimento y empujo mis pensamientos hacia el fondo.


Y tus pensamientos, ¿ donde van cuando viajas en tren?

"Es la mente la que crea el mundo que nos rodea y aún cuando nos encontremos juntos, parados en la misma pradera, mis ojos nunca verán lo que los tuyos contemplan y mi corazón nunca se agitara con las emociones que conmueven al tuyo." (George Gissing)