viernes, 23 de enero de 2015

Croquetas

Cuando esta mañana abrí el frigorífico la luz de su interior me deslumbro, ocurre siempre que esta menguado de provisiones. Podría haber entrado en pánico al ver que lo único que conservaba eran unas sobras en un cuenco, un cartón de leche a medias y un huevo moreno que resaltaba en la huevera desafiándome, y digo que - resaltaba desafiándome-, porque si llega a ser blanco hubiera pasado desapercibido.
Me quede unos instantes valorando el panorama. Contemplar la nevera en ese estado, es una situación cotidiana para muchos personas, demasiadas...
Medite unos instantes.
Podría calentar el cuenco con las sobras, freír al huevo desafiante y beberme la leche, dejando así la nevera deshabitada. era una opción valida para mi estomago, lo se, porque emitió unos ruidos algo anormales que no puedo trascribir aquí.
Esos ruidos no me iban a amedrentar y como suelo ver siempre la botella o el vaso medio lleno, decidí darme un pequeño homenaje, mañana ya veríamos...
¡Hoy como croquetas!
Preparar unas croquetas invita a hacer una reflexión de vida, al menos a mi me lo pareció, mientras picaba una cebolla, por cierto, de las cebollas ya os he hablado en otra entrada a este blog, pensaba que estamos formados de pequeños trocitos y que uniéndolos todos ellos formamos algo maravilloso para los demás, es cierto que habrá días en que esa amalgama no satisfaga a todos, bueno, somos croquetas no tenemos que gustar a todo el mundo.
Ohh! Siempre que pico cebolla me pongo algo sentimental.
Después de secarme las lagrimas con la manga del jersey y mientras sudaba la cebolla bien picadita en una sarten, a fuego bajo, corto en trocitos pequeños los restos de carne de un cocido que se encontraban en el cuenco, se pueden hacer croquetas de todo, la croqueta es la reina de las sobras de los grandes guisos, y hoy, yo la voy a hacer sublime, pienso mientras añado la carne a la cebolla.
Me animo mientras cocino, parece como si estuviera ya degustando el sabor final, claro que esta actitud no le suele satisfacer mucho a mi estomago, se muestra impaciente. Y algo ruidoso.
Trato de distraerlo después de añadir una pizca de pimientas a la mezcla y antes de adicionar la harina, llegado a esta parte tan importante de la besamel, me viene a la memoria mi amigo Jacinto, la besamel tiene que resultar "fluida" para inundar la boca con el sabor de fondo.
-¡Fluir!, es cierto, Jacinto.
Voy incorporando la leche despacio mientras remuevo la mezcla, no pueden quedar grumos, pienso, agitando las varillas.
Me doy muy conforme con el resultado después de haber introducido un dedo y haberlo relamido.
Perfecto!. Dejo enfriar la mezcla, mientras en mi boca permanece el sabor.
El tiempo que ha transcurrido en enfriarse lo he dedicado a Internet, por cierto, hay un día internacional de la croqueta, el 16 de enero, y aunque los españoles la hayamos hecho nuestra, digo esto porque no hay bar, restaurante, cocinero, abuela, madre, etc, ahh y yo, que la amamos y la degustamos, en realidad y contrario a lo que podría parecer como un descubrimiento culinario popular, fue inventada por nuestros vecinos franceses para dar de comer a su rey Luis XIV, es decir la primera receta de la que se tiene conocimiento.
En estas consultas me encontraba entretenido cuando vino a recordarme mi estomago que ya era hora de irle calmando, con lo cual no tuve más remedio que cascar ese huevo y ponerme a batir su desafió, ralle un poco de pan duro y me dispuse a tomar pequeñas porciones de masa que iba introduciendo en el huevo y posteriormente en el pan rallado, aquí es donde se fue formando el milagro de la multiplicación, al menos para mi. De una masa gelatinosa de trocitos carne, había conseguido 18 croquetas que en breve iba a freír.
Solo freí la mitad, es decir nueve, me gusta este numero, sera quizás por el sentido humanitario que entraña, o puede que  por la generosidad. Es un numero cabalístico de los mas poderosos, simboliza la luz interior, el idealismo.
Ahí estaban  nueve croquetas, doraditas y crujientes, las otras nueve... las reservo para ti, si tú, o tú...

¡A comer!

 "las croquetas deberían tener hueso para que pudiéramos llevar la cuenta de las que comemos"
                                                                       (Ramón Gomez de la Serna)