sábado, 5 de abril de 2014

Tiene un puente, que puede
representar en las tablas,
y con narices de troncos
ve por ojos de legañas.
Camino a Santiago, (Torres Villarroel)

Pasado el momento de tristeza y de lamento me fui a buscar nuevo alojamiento para la noche. El Albergue de Ciudad Rodrigo también se había cerrado a mi por las crecidas del río Agueda, según me indicaron los vecinos del Arrabal que andaban tapiando sus puertas, cansado de patear la ciudad y aun no habiendo encontrado nada que fuera de mi agrado al bolsillo, di con un bar que anunciaba a la vez Pensión, pero el dueño me dijo que la misma la había cerrado ya hacia unos meses por falta de clientes, una persona que estaba en el establecimiento y después de haberme ya marchado, cuando caminaba calle abajo, se ofreció a llevarme a un lugar que el conocía. Resulto ser de Navasfrias, y con un carácter abierto y dicharachero lo pase estupendamente en su compañía mientras recorríamos la ciudad en busca de algo que me conviniera, llegamos por fin a una fonda, después de mucho revolver y allí nos despedimos con un fuerte abrazo, curiosa la persona, buen camino me deseo y buenas nuevas le desee.
La noche fue tranquila y descansada, más por un buen rato de Manuel me acorde.

A la mañana siguiente salí con un sentimiento de tristeza, por la puerta de Santiago que va a dar al Arrabal del río, de nuevo y por tercera vez, me encontré con Jose Manuel, la primera vez fue el día antes, lo pare para preguntarle por el albergue, la segunda, le di los buenos días, cuando yo subía por el mercado de abastos y ahora volvía a encontrarle a la salida del puente, esta vez en compañía de su amigo Cristobal, con lo cual y parados en el pretil del puente, nos dedicamos a una charla animada sobre lo que me había acaecido la noche anterior, animados y contentos por habernos encontrado tres veces en pocas horas.

Ambos me acompañaron un rato en mi camino, disfrutando yo de su compañía, les deje en las inmediaciones de la carretera vieja que unía Ciudad Rodrigo con Gallegos de Argañan, deseando volvernos a encontrar en otra ocasión.
Al principio esta carretera discurre entre casas y pequeñas parcelas hasta la pedania de Conejera, a partir de ahí se convierte en una pista y da paso a campo abierto, de verdes prados, desde el alto de la finca de "La Conejera", mire hacia atrás viendo ya la ciudad difuminada, y pensé: que gente agradable he encontrado gracias a mi amigo Manuel, hasta pronto amigos!

Continué mi marcha deleitándome con el paisaje, con las cigüeñas que encontré en la finca "El Manzanillo"

y que levantaron el vuelo a mi paso, quizás alteradas por el ruido de un tren de mercancías que en ese instante cruzo por un paso cercano. Con la finca de Palacios, la de MariAlba, con el ganado que pastaba y que me miraba distante y luego salia trotando.

Con mis pensamientos, fraguados paso a paso, con el recuerdo de todos esos amigos que tengo, que me animan día tras día, y como no, con mi familia, a fin de cuentas con todos los que me quieren de una manera u otra, así anduve unos kilómetros por este paisaje solitario, sin mas compañía que yo, y mis pensamientos y añoranzas, hasta que me detuve un rato, ya en la ribera de Azaba, sobre un puente antiguo (S. XVII) otro rincón solitario y bello donde sentir melancolía
.
Después de pasado el sentimiento y tras ascender a la finca de "La puentecilla" y con una ligera lluvia, que convirtió el día en mas gris, comencé el descenso hasta Gallegos, entrando por su puente, también del XVII y me dispuse a localizar al  concejal Eusebio Martín, que era el que debía facilitarme las llaves del local que tenia habilitado el Ayuntamiento para el descanso del peregrino. Poca gente encontré en un pueblo que se preparaba para las próximas fiestas taurinas, pues la plaza ya tenia montados los tablados y se encontraba casi cerrada, al igual que algunas calles, localizado Eusebio, nos dirigimos a una casa señorial por la planta y por el jardín que presentaba en su entrada, muy bien conservada y rehabilitado el interior para aprovechamiento de las diferentes asociaciones del pueblo, al parecer esa casa había sido del afamado y conocido ganadero D. Eusebio Rodriguez Pacheco, cuyo hierro ha estado presente en las mejores plazas de España, a disposición de los toreros mas renombrados de este país.

Llegado hasta aquí y ya cansado, no me quedo mas que visitar una tienda cercana, cojer algo para la cena, estirar la colchoneta frente a la chimenea señorial y descansar.