domingo, 6 de abril de 2014

Fuerte de la Concepción,
donde devotos trabajan
oficiales de Castilla
mas ninguno de la Mancha.

Desde el Fuerte pasé a Almeida
frontera bien pertrechada
con gran tren de artillería,
y no se echa con la carga. (Torres Villarroel)

A la mañana siguiente y después de desayunar al amor de la lumbre con el propietario del establecimiento, de debates varios referentes a lo cotidiano de la vida, me dijo que habiendo trabajado veintiocho años en un establecimiento de Irun le habían despedido, con lo cual, se tuvo que volver al pueblo y ahora junto con su señora, que en esos momentos trajinaba en la cocina, tenían este pequeño restaurante, que muchas horas estaban en el y poco beneficio sacaban, pero que era lo que había, resignado como estaba lo deje, les deje, no sin darnos un buen apretón de manos, fuerte y sincero, prometiendo les volver emprendí mi camino.

Me dirigí hacia Alameda de Gardon, pueblo triste y solitario, quizás porque a esa hora aún no había despertado la poca gente que en el habitaba, atrás había dejado el Campo de Argañan, y nada pude ver de su iglesia dedicada al Apóstol Santiago.


Atravesado el pueblo y recorridas sus calles y como ha nadie encontré, me despedí ya en las afueras de unas cochinas que pastaban junto al cementerio, por ser lo único vivo que halle.

A partir de aquí, el camino mejoro en cuanto a paisaje, descendiendo por una ladera, cuajada de encinas, encinos y jaras, tuve que hacer una parada, y sentado en una pared de pizarra, contemple lo que allí me acontecía y tan solo oyendo el canto del cuco en la lejanía, el volar de algún que otro águila, no se de que especie, disfrute de unos momentos, de paisaje, de paz y de las vacas que permanecían tumbadas al igual que mi yo.

Pasado el rato, y sin tener noción del tiempo transcurrido, continué mi andar, esta vez por entre jaras , que ya estaban floreciendo, y alguna que otra peña y arroyuelo, por aquí recordé las mañanas de caza, que siendo niño pasaba con mi padre, en parajes similares a este, recordando también el almuerzo que solíamos hacer, que mi madre ya había preparado la víspera, a base de tortilla y torreznos, todo ello colocado en una fiambrera con la tapa azul, el amigo de mi padre Livian, con quien compartía sus jornadas de caza, solía llevar chorizo de matanza, que picábamos en un palo de una retama, y asábamos en una pequeña fogata, apenas contaría yo con once años, continuando el andar dos perdices levantaron el vuelo, las apunte con mi bastón, pum, pum !!, sonreí para mis adentros,( aunque ahora llore al escribirlo de la añoranza que me produce).
Continué pues, de haber fallado las perdices, por la ribera de Dos Casas, que hube de vadear, la primera vez me descalce, la segunda estaba tan metido en la aventura, en el campo, tan crecido como iba que atravesé el río con todo puesto y que placer tan bueno!

Espantadas unas vacas que me cruce, y habiendo una que parecía se encaraba, no se si, por ir yo de rojo, o por que la vaca era recia, llegue a Castillejo de dos Casas y desde allí ya pude ver Aldea del Obispo.
En Castillejo solo encontré una persona y unos cuantos cerdos en varios corrales, de distintas razas y mezclas, aquí también tuve que vadear pues el camino lo atraviesa el río, total que mojado una vez ni me lo pensé, llegue a Aldea algo mojado, pues no me dio mucho tiempo de escurrirme, pero fresquito y contento.

Repuse energías en el primer bar que encontré, su dueño que se había venido de Madrid ha este lugar tranquilo y que no pensaba abandonar, pues el quería tranquilidad, dos trocitos de pan me pudo dar, por que ni el lo había ido a buscar ni yo había visto panadería, con lo que el almuerzo para el camino andado, sin casi pan, se me hizo mas bien escaso, yo, que estaba viendo el pan que llevaba mi padre, en fin, pague la consumicion y continué.
Deje Aldea del Obispo y empece a subir hacia el Fuerte de la Concepción, que deje a mi izquierda, y que ni entre, pues había estado hacia unos meses, en otra escapada que sin saber como, me trajo hasta aquí, deciros que se acabo de construir en 1758, que en la Guerra de la Independencia en el año 1810 fue dinamitado, muchas de las casas de Aldea tienes sus piedras, y que ahora se esta rehabilitando y que lo ocupa un hotel de lujo junto con un restaurante de la misma categoría.
Hecha la ascensión, descendí hasta el río Turones.
Ahora ya tenia los pies en Portugal, y la primera población que encontré, fue Vale da Mula.

Aquí ya cambie el chip y los saludos, ya estaba en tierras portuguesas, me detuve a saborear mi entrada, bajo la sombra de un olivo, en una plaza engalanada de flores y granito, mirando sus casas, oyendo sus murmullos y olfateando el aire a churrasqueiro, que paz.
Hecha la parada y empapada el alma, aun me quedaban varios km. hacia Almeida, ciudad fortificada también según el modelo Vauban , a la que llegue ya cansado y hambriento entrando por las Portas Duplas de Sao Francisco y donde pude sellar mi acraditacion, atendido amablemente por una portuguesa.
Después de dar un corto recorrido por la ciudad, contemple la puesta de sol y di por finalizada mi etapa.