martes, 8 de abril de 2014

No hallé asunto, que pudiese
comunicar con la almohada,
pues toda la noche de ella
la cabeza estuvo falla.
Tenía la cama, en fin,
si he de acabar de pintarla,
sábana de trapisonda,
y colcha de trapobana.

Abandone Pinhel cuyo castillo se yergue en una colina, en la margen izda del río Coa y todo el rodeado de una muralla con cinco puertas, datando del siglo XIII aunque se inicio en el anterior, durante el reinado de D. Sancho I allá por el 1209, Alfonso II, continuo las obras de construcción y D. Dinis, el rey labrador, reforzó la muralla que en el siglo XIII tenia seis torres de planta cuadrada, diversos abarates como es lógico en el transcurrir de los tiempos dieron al traste con alguna de ellas, aun así, hoy conserva ese encanto de ciudad 
medieval. No os incluyo fotos pues muchas hay ya por Internet, visitarla y tocar sus piedras y sentiréis su historia.
Descendí por sus avenidas ya fuera de la zona amurallada, para cruzar el río Pega, que también rodea Pinhel, y ya por una pista de tierra entre pinos y viñas camine alegremente entre sombra y sol, inocente de mi sin saber lo que me esperaba y lo que el camino me iba a deparar.

Con este paisaje, y observando las viñas bien cuidadas, me deleite.


.Todo iba perfecto, llegue a Valbom, siempre entre olivos y viñas, cruce su puente medieval y me detuve un rato.
A partir de aquí, y realizado el descanso, la etapa se me empezó a atragantar, después de caminar por asfalto un par de km. en subida, tome una pista que si bien descendía, no daba yo, llegado a Pavoa d'El Rei,
alcanzado por fin este lugar en el que no encontré a nadie, fui descendiendo

hasta  llegar a la ribera de Massueime, antes de llegar, perdí la senda, con lo cual me costo un rodeo, vuelta para atrás, recupere el camino y un poco mas abajo en unas huertas que no se ni como estaban allí, me encontré con dos labriegos que afectuosa mente lo primero que me ofrecieron fueron sus manos abiertas a la vez que sorprendidos pienso yo de encontrarse con alguien por aquellos parajes tan bellos y tan desolados,

despedido de ellos y ya informado de que debía continuar bajando, ya iba yo intranquilo pues si ahora bajaba luego tendría que subir y lo que yo veía enfrente de mi eran peñas y mas peñas.


Cuando atravesé el puente me detuve, aun me quedaba mucho trozo por andar, y iba algo acelerado, pensando mas en el camino que me quedaba , que en todo lo demás, con lo cual me quite las botas, los calcetines, anduve por la hierba, me tumbe y me dedique a sentir la naturaleza, a escuchar el agua del río, los pájaros, el suave viento que agitaba las ramas, y pensé, -lo que yo estoy escuchando, muchas personas no pueden, lo que mis ojos ven, pocas personas lo han visto, la tierra en la que estoy tumbado, todo ello, es mio en este instante y debo disfrutarlo, porque en este momento soy yo aquí perdido o quizás encontrado y 
sentí, sentí el aire, la tierra, el sonido, la roca.

Pasado el momento, el rato, el tiempo, el disfrute, decidí seguir el camino, me hubiera quedado allí las horas, pero salio mi orgullo y vino a decirme que debía continuar y le hice caso y de nuevo me puse a andar, cuesta arriba, sufriendo, por la pista llena de piedras, equivocando el camino otra vez!

Aquí pude reponerme un poco y charlar con mi amigo Manuel, que me alivio, con la historia ya pasada, y aun mucho por andar, dijeme, sí o sí, y vuelta a cargar la mochila sobre los hombros, subí la montaña, llegue
a Ameal, seguí subiendo por entre rocas, cuando estaba arriba miraba hacia atrás y me decía, puf desde donde vengo, y volvía a poner la vista al frente a ver si veía Trancoso, cuando llegue a Falachos, desfallecido ya con las fuerzas casi al limite, Trancoso se me hacia cercano, apareció imponente, pero había que subir a esa atalaya.

Sufrí, vaya si sufrí,el camino siempre empinado hacia una revuelta, luego otra, la mochila que cada vez pesaba más, y yo pasito a pasito, animándome yo mismo, sacando fuerzas no se de donde, pasado Sao Martinho aun me quedaban cinco km. de subida y el sol ya se ponía, en cada revuelta me decía, -para y a dormir, pero de nuevo el orgullo tiraba de mi, otro poco, otro poco, otra curva, otra revuelta, por una pista
y un coro de perros iba, ya medio a oscuras, subiendo, subiendo.

Y vaya si llegue, agotado, pero triunfante, alegre, contento, feliz, impresionado.

Llegué a Trancoso, y temí
me recibieran con trancas,
que es un lugar, que así se
llamó por antonomasia.