lunes, 31 de marzo de 2014

31 de marzo.


Lector,sin ser testamento:
sepan cuantos esta carta
leyeren de mi viaje,
que se hizo sobre la marcha.
Salí, pues, y no al romper,
sino al remendar del alba.. Diego Torres Villarroel

Con los ánimos encendidos, abandone la ciudad por donde me pareció, intentando llegar a un punto que me pusiera en contacto directo con la naturaleza y el camino que pretendía seguir, por suerte di con él, y tras hacer una breve parada en el ultimo lugar civilizado que me iba a encontrar en varios kilómetros, alcance la senda de la cañada real.

Durante varios kilómetros resulto monótona, al discurrir esta entre las vías del tren y la carretera nacional que conduce a Ciudad Rodrigo, a los laterales basura y desperdicios, que resulta increíble hasta donde llegan los despojos de toda índole. El tramo por el que transcurría, embarrado y solitario, hasta que apareció la primera sorpresa de la mañana, unas cabras y cabritillas pastaban tranquilamente, no puedo decir que bajo la atenta mirada del pastor, pues este se encontraba algo alejado, distraído con unas hierbas o vaya usted a saber, que cortaba con destreza, pegado a las vías del tren, me acerque a él y a unos metros, le di los buenos días, convenientemente separado, pues al oír mi voz, se giro y rascuño, quien osaba interrumpirle en esas labores, en un lugar alejado, de ojos grandes y azules, algo rechoncho y bien curtido, me miro sorprendido,: -ande vas por aquí? me inquirió, a Santiago, contéstele,pues ya te digo yo que vas mal, sentencio, no se preocupe usted, que he de ir por aquí pues quiero entrar en Portugal, conteste, mientras observaba al macho cabrio, que por cierto tenia un cuerno vuelto hacia atrás,  en ese caso continua que vas bien, y mas adelante bordea la senda que te vas a entoñar las botas,sentencio, de nuevo, muchas gracias y que usted lo pase bien conteste, y seguí mi camino, intentando vislumbrar el entoñe del que me hablo.

Despedido el cabrero, retome la cañada, meditando, en que las cabras estaban gordas como trullos y ha un coste bajo, seguí caminando , dentro de poco abandonaría la cañada para entrar en la nacional y no deseaba saltarme el enlace, al cual llegue gracias a las correctas indicaciones que días antes había recopilado, y que bien me guiaban, pero pesaban, con lo cual arranque las hojas correspondientes y empece a aligerar peso, que ya se me estaba haciendo incomodo. Tras un breve transitar por la carretera, volví a la cañada y a su parte con mas historia, pues un puente romano se-mi derruido y con un trozo de calzada romana apareció ante mi, buen sitio para almorzar, pensé, pues siglos de historia me contemplan, y lamentándome del estado de ese bello entrono y de esas piedras, senteme en el quicio de una puerta de una antigua alquería, también derruida, y me dispuse a echar un tiento a la bota y a reponer energías
.


Repuestas las energías, y volviendo a ajustarme la mochila, que ya me empezaba a incordiar, me dispuse
a continuar, lamentándome de todo la carga que llevaba, cruce un paso elevado, y deje atrás las ruinas romanas y busque de nuevo la cañada al otro lado de la autovía, al poco apareció frente a mi y la seguí entre las encinas, amplia y majestuosa, algunas moruchos pastaban ajenos a mi marcha, aun así alguna mirada me echaron, por posar en la foto, y de nuevo me volví a encontrar con desperdicios, de todas las clases y condiciones, uno en especial lo acomode un poquito mejor, para hacerme sonreír entre la desolación y la suciedad.



Ya habían transcurridos varios kilómetros y el cuerpo empezaba a acusar el descanso, y la mochila se volvió mas pesada y eso a pesar de que ya había dado cuenta de algunas provisiones y de que el agua y el vino también estaban menguado, dado que no tenia intención de dar la vuelta y el camino estaba despoblado a pesar de pasar por varias explotaciones agropecuarias, seguí marcando mi paso y poniéndome objetivos en la distancia donde hacer otra paradita, las nubes como me venían anunciando desde que salí de Salamanca, se pusieron ya a refrescarme, al principio tenuemente, con lo cual y ante el abrigo de un viejo roble, no me quedo mas remedio que prepararme para la lluvia, que empezaba a calarme el rostro.

De poco me sirvió el poncho, pues comenzada de nuevo la andadura y después de tapar la mochila la lluvia se hizo mas intensan y empezó a resbalarme por las piernas y como no era cuestión de mirar donde ponía los pies sino de avanzar, me fui tragando todos los charcos que encontré por el camino, transcurridos un par o dos de kilómetros ya ni se, aparecieron unas colmenas, abandonadas, claro esta, desperdigadas, y ni miel, ni polen, pero que me sirvieron para sentarme y recuperar un poco el resuello, mientras me seguía mojando.

Continué, después de acabar la ultima gota de agua y de escurrirme un poco los pantalones, suponía que estaba cerca del destino y tras subir una loma apareció el silo de cereal de Robliza a lo lejos, con lo cual en vez de seguir por la cañada, me aventure por un camino que considere seria el acertado y mas corto, decisión tomada por la lluvia y las ganas de refugiarme, me lance con paso mojado y decidido, y con un poco de temor, subí y baje sin perder de vista el silo que cada vez tenia mas cerca, y tensando un poco mas la mochila, observe unas cerdas que pastaban entre las encinas, bien lustrosas de tanta hierba, que ni me moleste en fotografiar, pues ando yo sobrado de ver guarros, tras un par de kilómetros por un camino pegajoso de barro, alcance la carretera y el silo cercano junto al deposito de agua, fue llegar y dejo de llover, con lo cual, volví soltar la mochila, me quite el poncho y recompuse mi atuendo, pues no era menester entrar en la villa descompuesto, error, pues apenas avance unos metros y otro aguacero me sorprendió, y en los escasos trescientos metros que separan el silo del pueblo, la lluvia se encargo de mojarme lo que antes el poncho había salvaguardado, aun así entre animado, pues la etapa estaba acabada y el descanso seria en breve, me acerque al bar de las piscinas, pedí una cerveza para calmar la sed, y me despatarre literalmente en una silla, los aldeanos siguieron a su charla, a fin de cuentas yo era un peregrino mas, una fugaz mirada, y a lo suyo. Diligentemente el dueño del bar, me puso en contacto con la persona encargada de las llaves del hogar del peregrino, y en pocos minutos llego, me invito a la cerveza y nos dispusimos a realizar los tramites que yo requerí, y aquí me encuentro ahora, en las escuelas del pueblo, que por falta de chavales ya no se utilizan, ocupando la mesa del profesor y con todo desparramado por los pupitres, como si de una clase de manualidades o de costura fuera, he repuesto un poco las energías, me he cambiado de ropa, y me dispongo a acogerme en los brazos de Morfeo.

Si acaso te pareciere,
Lector, que santa gloria hayas,
que es carta de marear,
dala al correo de Italia:
Porque si te sale de ojo,
veras mejor lo que pasa, 
y cuanto la musa sopla,
sabrás que el papel lo empapa..