viernes, 10 de abril de 2015

Tres minutos


Tres minutos, exactamente, ese es el tiempo que estuve mirándome en sus ojos.
Para enamorarme de usted.
Se sorprende, ¿verdad?.
Podría resultar poco creíble, pero fue así, aunque en realidad, esos tres minutos transcurrieron entre nuestros pupilas un tiempo después de conocernos. Tan solo un poquito después.


Al principio eramos dos perfectos desconocidos, dos personas que se presentan a si mismas  en un lugar bastante distante  y fuera de su zona de confort.
Como si hubieran sido designados para formar parte del experimento del doctor Arthur Aoron, el famoso psicólogo, que formulo 36 preguntas,  que dos personas totalmente desconocidas deberían responderse alternativamente para al final del test, mirarse a los ojos durante tres minutos, en silencio.
El ¿resultado?... bueno, podría ser que se enamoraran.

Casualmente la primera pregunta de ese test era: Si pudieras elegir a cualquier persona del mundo, ¿a quien invitarías a cenar?

Y, sí..., ese día acepte cenar con usted y la nombro de "usted", por que cuando me lo propuso, aún eramos ambas, dos personas extrañas  y  con su invitación, a parte de sentirme halagado de acompañar su velada, me entro la curiosidad de averiguar las razones por las cuales nos encontramos allí.

Al igual, que el hecho de no conocernos anteriormente,  propicio que usted  y yo fuéramos contestando simultáneamente a las preguntas varias que nuestras mentes nos formularon en ese espacio temporal de la terraza de un bar, con la inocencia de dos niños que se encuentran en el parque.

Y no fueron precisamente las preguntas del famoso test, al que por cierto, tuve acceso bastante tiempo después. Un poquito después.

Preguntas inocuas, como sus respuestas, mirándonos a los ojos, supongo que es por eso, y me refiero a sus ojos, que perdí la noción del tiempo y porque aún recuerdo, que el plato de carne que pedí, se quedo frío, entre un tiempo de interrogaciones.

Lógicamente ninguno de los dos tenia como plan para esa noche enamorarse.

Pero ahora, que usted ya sabe que estoy enamorado de sus comunes iris marrones y ya que lo único que realmente nos pertenece es el tiempo, lo pongo a su disposición, el mío, para con usted, con el deseo de que me siga sorprendiendo con sus preguntas, nos contemos esas cosas que admiramos de nosotros y aceptemos los cumplidos de nuestras miradas.
Atentamente, mis también comunes iris marrones.

Si deseáis más información:

https://es.tendencias.yahoo.com/las-36-preguntas-que-pueden-hacer-que-dos-personas-se-enamoren-en-menos-de-una-hora-121902521.html