viernes, 17 de abril de 2015

Infiel, por los pelos.

Te he sido infiel, ¡sí!, pero por necesidad.
Y ya te digo, que no es, lo que tu piensas.
Créeme, en realidad no deseo que te sientas mal, porque he de repetirte: a sido por necesidad.

Queda en mí el recuerdo con que mesabas mi cabello, mientras platicábamos de nuestras cosas y de los demás, eso no lo olvidare, como tampoco puedo olvidar las revistas que me hacías leer antes de prestarme toda tu atención... aunque yo sé y tu creo también, que no las comprabas solo por mí, a ti también te gustaban.

Han sido muchos años de relaccion, en concreto, diecisiete.

Y aunque no haya sido muy intensa. Y con, intensa, quiero decir que solo dejaba que me pusieras las manos encima una vez al mes, ha sido larga en el tiempo, tarjeta de fidelidad merecida, claro que, los dos estábamos conformes, aunque y de esto estoy seguro, si por ti fuera me hubieras dedicado atenciones al menos una vez por semana, ¿verdad?.

Pero hoy y después de haberte sido infiel, utilizo esta palabra porque creo que es la apropiada entre nosotros, creo que pasaran muchos meses hasta que te vuelva a ver, y si te veo, quizás sea también por necesidad.

Y, te digo todo esto, porque con esta infidelidad mía, se ha producido un gran cambio en mi aspecto, tanto es así, que hasta el camarero me ha dicho que me veía muy bien, palabras textuales: ¡chico, que bien te veo!

Fue un acto arriesgado, es cierto, eso de ponerse en otras manos y no precisamente desarmadas, como bien sabes tú, es una temeridad que me podía haber costado un tiempo sin salir de casa, o bien volver a ti.
Pero no, creo que tardare en regresar a tu sillón, más que nada, porque cuando he llegado a casa mi chica se ha echado en mis brazos y me ha piropeado y eso... eso anima mucho, muchísimo, aunque a ti te convierte en mi ex-peluquero.