jueves, 5 de febrero de 2015

Barrio Oeste

Ya hace unos días, volví a pasear por nuestro barrio. Lo recuerdas, verdad.


Tú te fuiste de él antes que yo, arrastrado por el progreso económico de tus padres que te separaron de nuestro barrio y te realojaron en el centro. Al principio te solías escapar, para enseñarnos la bici flamante que trajo aparejada el nuevo piso.
 Eso sí,  -céntrico-  como decías que decía tu madre cuando se encontraba con la mía.
 Venias a llenarte de polvo las manos y las rodillas en esas calles aún sin asfaltar. A trepar a los arboles.
¡Claro! la "rabasa-derbi" "molaba" más en las calles del barrio.
 Recuerdo que aprovechábamos los montículos de tierra, que habían sacado los obreros cuando estaban cambiando el suministro de agua, para jugar a las trincheras con nuestras escopetas de pinzas y goma elástica o para hacer carreteras del tamaño de nuestras palmas con sus puertos de montaña y curvas cerradas donde competían nuestros ciclistas favoritos,  a golpe de pulgar e indice, encerrados en la chapa con un poco de plastilina.
La "rabasa" apenas nos la dejabas.
A medida que taparon las gavias y empezaron a echar el asfalto empezaste a venir mas de tarde en tarde, supongo que no era lo mismo pintar con una tiza en el asfalto, "pa" jugar a los platillos, ya no había puertos y cuando se acababa ese clarión que le habíamos quitado al maestro, teníamos que ir al descampado a por trozos de teja.
 Venias a cambiar los cromos y a jugar al monta y pica.
La bici te la quitaron los niños de las casas de los "Piza"
A medida que el hormigón fue cubriendo nuestras barricadas imaginarias, cuando ya no pudimos hacer hoyos en la tierra para jugar al "gua" o al "clavo" fue cambiando también nuestra vida y nuestros juegos, ¡ crecimos !.
Yo me quede un poquito más, ¿te acuerdas?.
 Me quede esperando a esa chica  que vivía al borde del descampado, casi en territorio enemigo, donde hacíamos las hogueras, sí,  donde ponían los "chocones", a esa que olía tan bien en las verbenas de la plaza y que no quería bailar con nosotros, hasta que un día ella también se fue.
Luego yo también me marche.
Creo que el barrio quedo como dormido, como en en un "impasse".
Tú lo estas viendo desde otra distancia, desde las alturas las cosas se ven pequeñitas.
Por esto te cuento...
El kiosko que había en la plaza donde cambiábamos los tebeos antes de ir al colegio, lo quitaron con la remodelacion y también arrancaron los arboles, pusieron una fuente grande. Sí, esos arboles grandes llenos de pámpanos que solíamos comer cuando no teníamos pipas, plantaron otros más pequeñitos, ahora han crecido y lucen con sus trajes de colores, pero no tienen pámpanos.


Pase por la calle, donde vivía ese señor que nos contaba las historias del "Nini", ese niño que cazaba ratas, años más tarde descubrí quien era el Nini y comprendí, porque el anciano que nos observaba apoyado en su bastón, hablaba tan poco con los mayores.
 Las puertas cochera que tantas veces nos sirvieron de portería en aquellos años, ya no tienen las marcas del balón, ahora están  en silencio pero aún así me gritan a los ojos ¡cambio!, ¡a entrado!
¡goooool!



He bajado por la avenida donde estaba el almacén de maderas hasta el limite de nuestro barrio con el centro, a las puertas de la iglesia redonda, donde por estas fechas se apostaba el vendedor de las gargantillas de San Blas, esas cintitas de colores que nuestros padres se empeñaban en colocarnos como un collar y que no había manera de quitarse sin ahogarte. Luego entendí que era para protegernos la garganta,¡ a nosotros!, que después de haber trazado el recorrido de las chapas con las palmas de las manos nos las frotábamos al pantalón y ya estaban limpias, para comer pipas o pámpanos.


No he llegado al colegio, pero si me he acordado de las canicas que te ganaba jugando al triangulo en el patio bajo la atenta mirada del maestro de turno. He subido por la calle por la que hacías caballitos cuando venias al barrio. ¡Mira! ahora te hubieras dado de morros por mirar como luce.



El barrio esta bonito, chaval, vuelve a lucir de nuevo, las pequeñas tiendas se están revitalizando, vuelven personas nuevas, los que se quedaron han cogido de nuevo aire junto a los jóvenes que lo están dinamizando.


Ahora en  nuestro barrio, se respira de nuevo ilusión.


Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio. ¿Cuando? ¿Pero cuando? Si siempre estoy llegando. ( Aníbal Troilo)