miércoles, 4 de marzo de 2015

Bola de plata

Hace cuatro días que pase por allí.
Me pareció verla en una esquina, justo al lado de una columna, como delimitando un pequeño territorio en ese bar. Recuerdo que iba deprisa, pero su silueta a través de los cristales me resulto familiar.
Habían transcurrido tantos años que no podría decir exactamente cuantos... dieciocho, quizás veinte.
Ese día dada la urgencia que llevaba no pude entrar, ademas, había tres personas cercándola y una chica de pelo alborotado frente a ella.
Seguí mi camino memorizando el lugar, para regresar nada más que me fuera posible, convencido de que estaría allí, esperándome.
Nuestra relación comenzó, cuando yo tenia trece años, aunque ya la conocía de antes.
Por aquella época  de estudiante la visitaba casi a diario, generalmente al salir del instituto, el dinero sobrante de la asignación para el autobús lo destinaba para ella.
A veces me tocaba esperar un poco porque otros chicos se me habían adelantado, generalmente los que habían hecho novillos en la ultima clase.
Hace tres días que hemos retomado la relación.
Lo recuerdo perfectamente, eran las cuatro y siete minutos justos cuando volví a entrar en el bar, en ese mismo instante había mirado el reloj para calcular cuanto tiempo seria capaz de resistir  a sus encantos y artimañas.
La observe desde la esquina contraria a su posición, mientras el camarero me servia un café, que pague en el acto con un billete, necesitaba alguna moneda.
Permaneció en silencio, aguantándome la mirada y a la vez desafiándome.
Sorbí el café despacito, acercándome al mismo tiempo hacía ella.
Cuando me coloque a la altura de una mesa cercana, un destello intenso cargado de complicidad me indico que había llegado el momento de retomar nuestro vínculo. Efectivamente era ella.
No importaban los años transcurridos.
Me despoje del abrigo y lo coloque en una silla a su lado izquierdo.
Deslice mi vista recreándome en su aspecto, todos los cambios con los que se había maquillado, me parecieron intensos.
La escudriñe con ansiedad antes de entregarle una moneda,  que agradeció como un árbol de navidad, estaba dispuesta.
Afiance mis piernas y deslice las manos suavemente por sus flancos.


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El antiguo tirador de muelle lo había sustituido por un interruptor, esa era la primera sorpresa que me tenia guardada, no podía calcular la tensión exacta para lanzar.
Nada mas que lo toque, una bola de acero cobro vida dentro de su interior, golpeándola frenéticamente, los primeros envites de la bola  los acompañe con los golpes de mis muñecas, con una delicadeza muy medida, eramos viejos conocidos y sabíamos de los efectos de la brusquedad.
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La bola después de rebotar varias veces se deslizo por una rampa y fue a parar al dominio de mi paleta derecha.
Allí la retuve presionando enérgicamente, nos quedamos en silencio.
Poco a poco con parsimonia fui liberando la tensión, la bola descendía suavemente, acariciando la goma que recubría el flipper, cuando estuvo justo a un centímetro del final, ¡ apreté fuerte! y salio desplazada hacia las dos dianas que ocupaban la parte superior izquierda, cayeron derribadas al instante, con el rebote la bola entro en un laberinto que desembocaba en un agujero, donde quedo atrapada dos segundos interminables.
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Salio despedida con un golpe metálico, justo cuando mis ojos se habían posado en las dos dianas del lado derecho, accione los flippers  alternativamente pero me fue imposible, la bola se perdió por el mismo centro de ellos sin poder alcanzarla, escuche como se burlaba a la vez que encendía una luz indicándome que tenia esperando otra bola en el canal de lanzamiento.
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Al accionar el pulsador lo hice con mas suavidad y la bola se desplazo con una velocidad menor para entrar entre dos guías, que iluminaron una diana oculta en el flanco derecho inferior, con el flipper izquierdo no la podría alcanzar cuando llegara la bola, debería pasarla al derecho y con la parte mas próxima al eje, golpear, si acertaba esa diana, tendría abierta la rampa de X2, descendió con una velocidad endiablada y de nuevo se perdió por el mismo centro.
Me quede mirando el marcador, con cara de circunstancias, los dos últimos dígitos parpadeaban a la espera de moverse de nuevo, tan concentrado estaba que no vi aproximarse al niño, cuando de repente lo tuve apoyado encima de ella desplazando sus dedos por el cristal tratando de seguir  la bola que acababa de lanzar enrabietado.
 Supongo que era su padre el que se acerco para apercibir al rapaz y pedirme disculpas.



"game over"

No importa, no me molesta.
Acerque el taburete con el niño y lo coloque frente a ella, aún quedaba un juego por disputar, a fin de cuentas así empece yo, arrimando una silla, para ver jugar a los mayores en aquel bar de barrio.
Sonreí, mientras el niño accionaba los dos flippers a la vez, pronto aprendería, y quizás, quizás en ese mundo de fantasía que hay debajo de un grueso cristal, el fuera un mago.





Si queréis recordar más: http://www.retrogames.cl/flippers.html