domingo, 7 de septiembre de 2014

El verano en que enfrente miedos.

"El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre decidido." (Antoine de Saint-Exupèry)

   He llegado donde estoy ahora atravesando una tormenta, quizás devastadora y con algunos momentos de "calma chicha". Han sido dos meses intensos en escenarios variados y con un común determinado en mi interior: miedo.


   Todo me ha sucedido en un proceso de limpieza y de vacío que me ha mantenido ocupado durante este tiempo, no puedo negar que a pesar de la tormenta interna que mantenía, he disfrutado de instantes mágicos que han conformado unas realidades que solo ahora puedo apreciar en total plenitud y convencimiento.

   Si mi zona de confort era comoda, no me era satisfecha al cien por cien, necesitaba, más bien era consciente, que si en el camino comencé con una transformación, aun no la había acabado.
   Tenia miedos que enfrentar y muchas cosas que mudar y alejar o transmutar a un estado más positivo, el miedo como la valentía estaba en mi mente, ese temor a algo que entonces estaba indefinido, no estaba fuera de mí: vivía en mí, y desde hacia ya tiempo me estaba restando fuerzas y vitalidad.

   Existían muchas imágenes y muchas frases, que repetía en mi cabeza. Muchos objetos que continuaban frente a mi, recordándome un pasado y que me producían frustración en esos momentos.
   Aún teniendo en mi día a día, momentos intensos y plenos, nunca fueron suficientes hasta que decidí, que todas esas imágenes, esas frases, esos objetos, esa zona de "confort" que yo veía catastrófica debía de transformarla en una declaración de triunfo a fin de mitigar lo que antes me paralizaba.

   Alguien me pregunto: ¿como lo has hecho?, en realidad no lo se exactamente, puede que alimentara la valentía a través de pensamientos ganadores, la realidad era, que no debía de tener miedo a enfrentarme a algo que desconocía, ¿ porque iba a ser mi siguiente escenario de vida perdedor?, cuando en mi había una fuerza impulsora de positivismo.
   Vacié todo, todo, absolutamente, no fue fácil en esos momentos, ahora en cambio, y una vez realizado, no fue tan difícil. Debía de progresar, y para hacerlo había que actuar por encima del miedo a lo desconocido.

    Me había cansado, no podía esperar a que por arte de magia ese miedo se fuera.
    Di el primer paso y aunque me sumergí en un mundo denso e impenetrable, en un naufragio, fui soltando todos los lastres, poco a poco me fui sintiéndome más a flote, era necesario para mi, vaciarme de todo para tener el espacio suficiente para lo venidero.
    No fue un acto suicida, a pesar de todo lo que abandonaba, puede que debiera haberlo hecho mucho antes, creo ahora, que lo hice en el momento que debí hacerlo. No titubee, una vez tomada la decisión que yo considere como la mejor estrategia, no pensé más, deje de pensar si debía o no debía hacerlo. Simplemente actué.

   Puse en movimiento mi universo, avance hacia lo que amaba, y a partir de ahí mi cerebro comenzó a reaccionar de una manera placentera hacia lo que naturalmente se acercaba, a medida que todo se iba vaciando, el miedo fue desapareciendo y fui teniendo una visión más clara de lo que quería.

Emprendí un viaje, desterré el miedo, a fin de cuentas la vida es: no rendirse.



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