domingo, 6 de julio de 2014

El cartero, ya no llama.

                                                                                  6 de julio de 2014

Estimados lectores: Como siempre deseos que os encontréis felices, yo he estado ausente durante unos días, digamos que he estado invernando en mi interior, suelo hacerlo de vez en cuando, es como una parada técnica.
Contaros que las ultimas noticias que han llegado a mi por los diferentes medios que suelo consultar me han llevado a esto.
Hoy, me he preguntado: ¿donde están esas cartas con su sello y matasellos?
Hacía tiempo que yo particularmente no escribía una carta y lamentablemente a mi buzón ya solo llegan recibos, avisos de cobro y propaganda variada.
Hemos avanzado tanto en la comunicación instantánea que creo que se nos va a olvidar sujetar un bolígrafo entre los dedos.
Ahora todo se escribe en una pantalla y se reduce a unas frases cortas, llenas de emoticonos, que a su vez sustituyen la descripción de nuestros sentimientos con la perdida consiguiente de nuestra capacidad lingüística.
Yo, particularmente, a veces, no se lo que me escriben y confundo palabras inteligibles con marcas comerciales que desconozco.
Aún están en mi tarro de recuerdos esas cartas contándome lo acaecido a mis amigos lejanos en los últimos días, esas cartas de agradecimiento o comunicación de un asunto importante, o esas cartas de amor, escritas en esos folios coloreados de forma suave y que al trasluz dejaban entrever unos paisajes románticos, suavemente perfumadas y en sobres acordes al contenido. Esas postales que llegaban desde diferentes puntos del mundo con sus monumentos emblemáticos estampados y que al dorso apenas podíamos leer lo que ponían debido a la escritura abigarrada y al consiguiente matasellos que había emborronado parte de la escritura.

No, ya no hay que esperar al cartero, atrás quedo esa ansiedad de padres, amantes, amigos. Ya no se pregunta, ¿hay carta?

El oficio de cartero desaparece, porque ya no escribimos, ya no nos escribimos en un folio.
Cuando fue la ultima vez que recibisteis carta de un amigo, de un amor, de un familiar.
¿Habéis probado a escribir una carta de amor por wasapp?
¡Os, reto!, podéis añadir emoticonos.
Sabéis, yo una vez lo intente.
La pantalla del móvil se me quedaba pequeña, me perdía al repasar lo escrito.
A la misma vez que escribía, me estaban entrando otras conversaciones que hacían zumbar el teléfono y perdía la concentración y el pulso.
El texto predictivo, si no me fijaba bien, añadía palabras que no quería poner.
Y había algo que yo no podía comunicar, el carácter único de mi escritura, la forma con que escribo determinadas letras, mi firma.
En realidad mis sentimientos llegarían al instante, es cierto, tras un ligero zumbido, o unas breves notas musicales, pero ya no se guardarían en una caja, o en el fondo de un cajón, para releerlos en las ausencias, quedarían olvidados en el maremágnum de conversaciones, en el mejor de los casos, o borrados porque la capacidad del teléfono es insuficiente para tantas conversaciones.
Desistí.

Ahora, tampoco se envían postales cuando vamos de viaje, antes nos acercábamos a cualquier establecimiento turístico nada mas que llegábamos para escribir: "Hemos llegado bien, esto es muy bonito, el hotel bien, ya os contaremos al regreso, aquí ya no entra mas." y firmaba el cabeza de familia, la madre, y toda la prole, porque claro, el destinatario tenia que ver que el niño ya sabia escribir, o al menos firmar y que estaban todos allí. Ahora mandamos un montón de fotos y caritas sonrientes, saturando la memoria de nuestros móviles.
Y cuando queríamos comunicar algo urgente, solo era posible a través de los telegramas.
Los telegramas siempre producían un estado de ansiedad indescriptible, y más si el servicio de correos no te había localizado en casa y te dejaba una nota comunicándote la llegada del telegrama que deberías recoger en la oficina correspondiente. Tu te encontrabas en un sin vivir esas horas previas.
Yo, una vez mande uno, ahora lo recuerdo con una sonrisa, era tal la necesidad de comunicar mis sentimientos a una chica, que no pude esperar a que regresara de un campamento, si le escribía una carta, cuando llegara ella ya estaría de vuelta, y lo más rápido para la urgencia de mis palabras era el telegrama. Luego me contaría, que nada más recibir el telegrama se vio rodeada de monitores, por eso, de que los telegramas producen ansiedad, el caso es que en este solo ponía un "te amo", pegadito en una tira de papel, intenso y a peseta la palabra, mas los cargos postales.

Lo curioso es que mi agenda, ahora se compone de números de teléfono y direcciones de correo electrónico, ya casi no hay direcciones postales.
No estoy en contra de la tecnología, tan solo echo de menos la sensación de sujetar un folio entre las manos escrito con cualquier bolígrafo. Echo de menos al cartero, al que yo he contribuido a despedir y echo de menos tener en un cajón sobres suavemente perfumados.

Gracias querido lector, me despido de ti atentamente, con un fuerte abrazo, a la espera de tus noticias.