domingo, 28 de septiembre de 2014

No tengas...

Una relación  es una sincronía física y mental entre las personas, si ha esta frase o afirmación le vamos añadiendo otros calificativos o concretamos entre que personas, obtendremos apreciaciones diferentes.
La palabra sincronía proviene del griego, syn, "con, juntamente, a la vez" y de la mitología griega, Chronos, tiempo, es decir, coincidencia en el tiempo y simultaneidad de los hechos.
Actualmente en estos tiempos que corremos, esta ligazon que establecemos los unos con los otros, carece en muchos casos de la parte física,  pues para ello seria necesario desprenderse del móvil, del ordenador y volver a salir más  a la calle, sin estos aparatos, tan solo nosotros, a mirarnos a los ojos, a vernos en otros ojos, creo que no por eso dejaremos de ser humanos, pues nuestro encuentro interpersonal es en lo que se funda la humanidad de lo que somos y digo todo esto, porque cada vez mantenemos más relaccion con nuestro ordenador o móvil, que con las personas físicamente.

   Dada la sincronía que yo mantengo con mi ordenador y móvil, últimamente me encuentro con muchos artículos, post, y frases relacionados con el amor, sera quizás, ¿ porque ha llegado el otoño?  y nos volvemos un poco melancólicos. O acaso la vuelta vacacional en la que hemos compartido más tiempo con nuestra pareja ha dejado algunos interrogantes.
   La mayoría de estos post, que te cuentan, te redirigen a otro post, etc,  hablan del amor de pareja y de ese "para siempre" que se me antoja demoledor, porque aunque en cierta manera podría ser lo ideal, pocas veces se ve concretizado en el tiempo por causas varias.
   Del resultado de todas esas lecturas, de mi experiencia personal y del conocimiento de otras personas más mayores que yo, y por lo tanto con más camino recorrido me quede hace unos días con una frase: "... no tengas miedo de ser el que más ama".



   La afirmación esta, ha estado circulando por mi cerebro varios días, como en un proceso de asimilación o de entendimiento. Esta frase la pronunciaba una anciana en respuesta a como era posible que llevara mas de 60 años con su pareja.
   A mí, personalmente, esta frase me ha hecho pensar, y por cierto, bastante. Y si, en realidad, nos pasamos demasiado tiempo, tiempo de nuestras vidas y de las de los otros, con los que compartimos la nuestra, intentando encontrar un equilibrio. Ese equilibrio entre lo que damos y lo que se nos entrega, como si esa balanza de sentimientos no debiera estar nunca en desequilibrio.


  ¿ No creéis que alguna vez nos sentimos en deuda o en pago frente al otro?

   ¿Y si dejáramos de buscar ese equilibrio?

   Es posible que con el paso del tiempo, nos demos cuenta, que hemos gastado demasiada energía, concentración y recursos propios en intentar nivelar lo que damos y lo que recibimos.

   En el fondo, es posible que seamos más felices si somos mas generosos en nuestros afectos, sobre todo, en nuestros afectos.


    "NO TENGAS MIEDO DE SER EL QUE MÁS AMA"

sábado, 20 de septiembre de 2014

50 años... ¿y qué..?

   Esta bien esto de tener 50 años, hace relativamente poco los cumplí y ese día estuve acompañado físicamente solo por una persona, la única que jamas hubiera imaginado que estaría en ese día tan especial para mi, en realidad fue el mejor regalo.

   Ahora, ya después de haber pasado un poco de tiempo, creo que me veo sumergido en una década prodigiosa, por supuesto visto desde una forma positiva, ademas, me niego a que sea la antesala del precipicio.

   Continuo emocionándome y sigo sumando experiencias con una tranquilidad arrolladora, y digo arrolladora porque tengo cincuenta años, me encuentro en plenitud de facultades y lleno de inquietudes que me llevaran a emprender nuevos proyectos.

   Ahora digamos que he alcanzado la madurez, o una segunda juventud con mucho futuro por delante y no, no se trata de recuperar el tiempo perdido o revivir experiencias de los 20 o los 30, no, ahora tengo la firmeza que otorgan los 50 y se trata de buscar el equilibrio entre lo hecho y todo lo que me queda por hacer, con el beneplácito de las circunstancias y del cuerpo.

   Sí!!,  la juventud es un estado del alma que no tiene porque relacionarse con la edad, elijo no deprimirme y avanzo con paso firme y decidido, ya os contare donde llego.

   Ahora, después de los años transcurridos, sigo mi criterio, sin perder el tiempo estableciendo juicios de valor, se lo que valen las cosas y las personas y esto me da una seguridad muy grande en mi mismo, eso si, conquistada a base de cumpleaños.
   Me miro al espejo y me acepto como soy, esta imperfección es solo mía y a estas alturas no voy a moldearme, tengo un alma joven , eso sí en un cuerpo que ya muestra los surcos de tiempo, de mi tiempo, y esto me gusta, aunque alguna mañana me levante dolorido de la cama y mi abdomen me recuerde las buenas comidas disfrutadas.

   Por otra parte, sexualmente sigo en activo, aunque he de reconocer que el vigor de años atrás ha comenzado a decaer, no me importa, porque a esta circunstancia, le sumo la seguridad que me otorgan estos cincuenta años permitiéndome combinar con precisión sexualidad y sensualidad, no como un mecanismo que supla la potencia en mis relaciones sino porque la experiencia de los años me ha enseñado que es así y esto me gusta mucho.
   Evidentemente a estas alturas se lo que quiero, como lo quiero y con quien lo quiero,  es una ventaja saber lo que uno no quiere, pero es mas ventajoso saber lo que uno quiere gracias a la experiencia y esto, si que no lo cambio.

   Resumiendo, empiezo esta década con el alma joven, con una actitud que solo dependerá de mi, del vértigo que me produzcan las circunstancias y como las afronte, seguiré siendo yo, con el pelo revuelto y mi eterna capacidad de sorprenderme.



 

domingo, 7 de septiembre de 2014

El verano en que enfrente miedos.

"El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre decidido." (Antoine de Saint-Exupèry)

   He llegado donde estoy ahora atravesando una tormenta, quizás devastadora y con algunos momentos de "calma chicha". Han sido dos meses intensos en escenarios variados y con un común determinado en mi interior: miedo.


   Todo me ha sucedido en un proceso de limpieza y de vacío que me ha mantenido ocupado durante este tiempo, no puedo negar que a pesar de la tormenta interna que mantenía, he disfrutado de instantes mágicos que han conformado unas realidades que solo ahora puedo apreciar en total plenitud y convencimiento.

   Si mi zona de confort era comoda, no me era satisfecha al cien por cien, necesitaba, más bien era consciente, que si en el camino comencé con una transformación, aun no la había acabado.
   Tenia miedos que enfrentar y muchas cosas que mudar y alejar o transmutar a un estado más positivo, el miedo como la valentía estaba en mi mente, ese temor a algo que entonces estaba indefinido, no estaba fuera de mí: vivía en mí, y desde hacia ya tiempo me estaba restando fuerzas y vitalidad.

   Existían muchas imágenes y muchas frases, que repetía en mi cabeza. Muchos objetos que continuaban frente a mi, recordándome un pasado y que me producían frustración en esos momentos.
   Aún teniendo en mi día a día, momentos intensos y plenos, nunca fueron suficientes hasta que decidí, que todas esas imágenes, esas frases, esos objetos, esa zona de "confort" que yo veía catastrófica debía de transformarla en una declaración de triunfo a fin de mitigar lo que antes me paralizaba.

   Alguien me pregunto: ¿como lo has hecho?, en realidad no lo se exactamente, puede que alimentara la valentía a través de pensamientos ganadores, la realidad era, que no debía de tener miedo a enfrentarme a algo que desconocía, ¿ porque iba a ser mi siguiente escenario de vida perdedor?, cuando en mi había una fuerza impulsora de positivismo.
   Vacié todo, todo, absolutamente, no fue fácil en esos momentos, ahora en cambio, y una vez realizado, no fue tan difícil. Debía de progresar, y para hacerlo había que actuar por encima del miedo a lo desconocido.

    Me había cansado, no podía esperar a que por arte de magia ese miedo se fuera.
    Di el primer paso y aunque me sumergí en un mundo denso e impenetrable, en un naufragio, fui soltando todos los lastres, poco a poco me fui sintiéndome más a flote, era necesario para mi, vaciarme de todo para tener el espacio suficiente para lo venidero.
    No fue un acto suicida, a pesar de todo lo que abandonaba, puede que debiera haberlo hecho mucho antes, creo ahora, que lo hice en el momento que debí hacerlo. No titubee, una vez tomada la decisión que yo considere como la mejor estrategia, no pensé más, deje de pensar si debía o no debía hacerlo. Simplemente actué.

   Puse en movimiento mi universo, avance hacia lo que amaba, y a partir de ahí mi cerebro comenzó a reaccionar de una manera placentera hacia lo que naturalmente se acercaba, a medida que todo se iba vaciando, el miedo fue desapareciendo y fui teniendo una visión más clara de lo que quería.

Emprendí un viaje, desterré el miedo, a fin de cuentas la vida es: no rendirse.



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lunes, 14 de julio de 2014

Palacio da Penna (Sintra)

Hoy, como en otras ocasiones empiezo este relato con unos versos, en esta ocasión con dos poetas de nuestro romanticismo, pronto entenderéis el porque.

                                     Mientras sintamos que se alegra el alma
                                     sin que los labios rían;
                                     mientras se llore sin que el llanto acuda
                                     a nublar la pupila;
                                     mientras el corazón y la cabeza
                                     batallando prosigan;
                                     mientras haya esperanzas y recuerdos,
                                     ¡habrá poesía!
                                                Gustavo Adolfo Becquer

                       Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;
                       sin ellos ¿como admiraros, ni como vivir sin ellos?
                                                  Rosalia de Castro

Salimos temprano para dirigirnos a la bella ciudad de Sintra, Patrimonio de la Humanidad, después de un corto viaje en tren nos encontramos en una ciudad como sacada de un cuento, a esas horas tempranas ya derrochaba turistas por todos sus rincones y los vendedores de recuerdos y baratijas ya se encontraban apostados en la subida a la espera de vender su mercancía convenientemente distribuida en un pretil sombreado en el margen derecho de la carretera sinuosa que asciende al Palacio da Penna, Palacio de la Peña en español, lo aclaro por la confusión lingüística que puede surgir de la palabra "penna".

En esta visita el Palacio se encontraba en tareas de restauración y pintura. Aún así la visita resulta magnifica, dispuestos a pasar el día en él, habíamos adquirido unos bocadillos y agua y nos dispusimos a recorrer algunos de los senderos que lo rodean, no todos, porque en una visita de un día seria casi imposible, tiene aproximadamente 70 Km, senderos rodeados de especies traídas de todos los continentes por el rey Fernando II.
El Palacio tiene las paredes exteriores pintadas de rosa y amarillo, es de un estilo ecléctico muy del gusto de los románticos y esta construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio jerónimo.
En la entrada principal destaca la figura de un tritón humanizando, con corales esculpidos en la roca que surgió de la mente del rey Fernando de Sajonia, que quiso fundir los cuatro elementos, tierra, aire, fuego y agua en este personaje.

La mezcla de estilos arquitectónicos, los colores, los azulejos hispano-árabes y sus torres en arquitectura morisca-mudéjar confieren en su conjunto un castillo de cuento, de princesas y como no, de amor romántico.

El Palacio fue ocupado hasta el 1910, su historia seria larga de relatar y solo os contare la parte romántica, la que deriva de Don Fernando de Sajonia, el llamado rey artista, que vaya si lo era!, el es el artífice de gran parte de este lujo, de este cuento, aquí pasa largas temporadas junto con su esposa, la reina Maria II, en unos aposentos magníficamente decorados y de un lujo extremo, propios de la realeza y del gusto de la época, todas las dependencias son visitables y podréis comprobar por vosotros mismos como vivían los reyes en aquella época. Don Fernando tiene una amante, o quizás mejor dicho, su amor más romántico es para Elise Hensler, una cantante de opera que por aquellos tiempos cantaba en el Teatro San Carlos, en el barrio de Chiado en la cercana Lisboa, como es lógico en las historias de amor, los amantes quieren estar juntos y el rey manda construir un chalet, cercano al Palacio, por eso de tener cerca a su amor romántico, a la misma vez que una maraña de senderos plagados de parterres, bancos tallados en roca, y multitud de rincones sombreados, que invitan a la charla pausada, al beso furtivo, al abrazo apasionado y a la ensoñación arrullados por el ruido de estanques, fuentes y pequeñas cascadas.

Como todo tiene sus símbolos y sus interpretaciones en un estanque hay dos cisnes blancos y en otro separado por una suave cascada dos cisnes negros, vosotros interpretarlo como queráis. La cosa es que aquí vivieron sus amores unos reales y otros "prohibidos" amparados por una variedad de flora que proporcionaba un espectáculo cambiante en cada época del año.
La reina fallece en 1853, y el rey ya libre pasados unos años contrae nupcias con Elise, que pasa ya a ocupar las dependencias reales del Palacio, muerto el rey, se levantan las controversias entre el pueblo portugués y para acallarlas el rey Luis adquiere el Palacio y parte de los jardines, dejando, eso si, el chalet a Elise, condesa desde su matrimonio con Fernando II, y que ahora conocemos como Casa de la Condesa y que dista para los curiosos, unos 800 metros del Palacio da Penna.
Dando por finalizada la visita, no del todo completa, pues dejamos muchos rincones sin ver, debido a la magnitud del entorno, descendimos por la carretera sinuosa que antes habíamos subido en autobús, para perdernos por las calles de Sintra y disfrutar de sus tiendas, terrazas y de un jardín algo menos romántico, o quizás no?

                                        Más allá de su limite prescrito,
                                        sediento, avanza, audaz, el pensamiento,
                                        y tu origen, tu vida, tu elemento,
                                        menos alcanzo cuanto más medito.
                                                                              Carolina Coronado

domingo, 13 de julio de 2014

Lisboa 1ª parte.

...Paso por una calle y estoy viendo en la cara de los transeúntes, no la expresión que realmente tienen, sino la expresión que tendrían para conmigo si conociesen mi vida, y como soy yo, si se transparentase en mis gestos y en mi rostro la ridícula y tímida anormalidad de mi alma. En ojos que no miran, sospecho burlas que encuentro naturales, dirigidas contra la excepción inelegante que soy entre un montón de gente que hace y goza: y en el fondo supuesto de fisonomías que pasan, carcajadas de la tímida gesticulación de mi vida. Fernando Pessoa.

He llegado a Lisboa a primera hora de la mañana, con la ciudad ya despertada y con mi cuerpo entumecido después de haberme pasado siete horas en un asiento de clase turista intentando conciliar el sueño entre la rigidez y el traqueteo continuo del vagón, a estas horas tan tempranas la estación de Santa Apolonia es un continuo ir y venir de viajeros habituales y de turistas que con sus mochilas y maletas de colores chillones llegan o se alejan de la ciudad.

Tomamos un café, que nos resucita en un pequeño establecimiento al lado del Museo Militar, pulcro, el camarero se afana en ir limpiando cualquier resto del anterior servicio, y cuyas vitrinas transparentes nos permiten descubrir como pueden convivir las latas de bebidas, las frutas, los dulces y los bocadillos en perfecta armonía, expuestos a las miradas ávidas de los allí presentes, aprovechando la conexión wiffi, busco la ubicación del residencial donde pernoctaremos. Nos disponemos a afrontar nuestro primer día en la ciudad con la necesidad de una ducha y despojarnos de la incomodidad de nuestra carga. Después de una larga caminata en sentido ascendente y dando un pequeño rodeo con el consiguiente sufrimiento de mi acompañante, cuya maleta brincaba por el adoquinado de las aceras, vistoso, pero muy irregular debido al paso del tiempo y a las raíces de los arboles aledaños que lo han ido deformando creando pequeños montículos que entorpecen el arrastre de la maleta.
Una ducha, cambio de ropa y empieza la aventura, nada programado, ir donde nos lleven nuestros pasos, ese es el objetivo del primer día, descubrir por primera vez todo aquello que se nos ponga al alcance sin que en nuestros ojos exista una visión de alguna guía turística.
Descendemos por la avenida del Almirante Reis, ruidosa, con bastantes establecimientos cerrados y algún que otro edificio en un estado deplorable, a la altura de Intendente nos empiezan a aparecer los primeros carteles de los lugares que en teoría deberíamos de visitar.

Tomamos una cerveza mientras decidimos que es lo que queremos ver, aprovecho el frescor del establecimiento para escribir una postal, y añadirla a este blog y en un pequeño homenaje a la anterior entrada.

Decidimos subir al Castelo de San Jorge, con lo que nos perdemos en un entramado de calle estrechas y en sentido ascendente, muchas de ellas con escaleras que facilitan en cierta manera el ascenso y el cansancio de los que no estamos acostumbrados a subir tanto. Me voy fijando en los balcones, con su ropa tendida, como gritando su pena, con fados desconsolados. Los retratos de antiguos moradores me permiten descubrir su pasado en una galería fotográfica imprimida en las fachadas de las calles sombreadas por su estrechez.

Pequeños establecimientos de bebidas y de recuerdos nos invitan a hacer una parada para refrescarnos en diminutas terrazas a pie de calle y observar a los turistas que al igual que nosotros instantes antes deambulan por las callejuelas, sudorosos.
Entramos en el castillo, después de hacer una larga cola, rodeados en su mayoría por ciudadanos asiáticos y previo pago de la consiguiente entrada. El castillo defendía la antigua ciudadela y se encuentra magníficamente conservado, buscamos los rincones que nos parecen mas interesantes para fotografiar la ciudad que ahora tenemos a nuestros pies, observándola tranquilamente desde las almenas sombreadas por olivos, al fondo el puente 25 de Abril que atraviesa las aguas del Tajo.
Concluida la visita nos disponemos a bajar lo subido, esta vez de una forma mas comoda aprovechando uno de los varios ascensores que comunican la parte alta con la baja y que se encuentran repartidos por la ciudad, comemos en un pequeño establecimiento el "prato do día", rodeados de libros antiguos que hojeamos con curiosidad mientras esperamos nos sirvan, una antigua librería reconvertida en casa de comidas, curiosa y acogedora, a la par que instruida.
Repuestas las energías continuamos hacia la Se Catedral, pasando por la fundación Jose Saramago, desde mi posición terrenal sigo contemplando los balcones, el entramado de cables, los baldosines con sus figuras geométricas y repetitivas en un añil marinero que mira al Tajo produciendo destellos de luz al atardecer.
Desde otro mirador contemplo una estampa curiosa que habla por si misma de las variables formas de obtener ingresos para viajar.
Seguimos andando, perdiéndonos en una ciudad de una forma virginal, la ciudad se nos esta descubriendo, la estamos contemplando por primera vez, nos esta grabando en  nuestras retinas imágenes nunca antes contempladas, es una delicia observar todo por primera vez. Descendemos hasta el Terreiro do Paco, donde el bullicio de los turistas se mezcla con el de los habitantes en una plaza amplia, enorme, y donde desentona de una forma grotesca la pantalla y el escenario colocado para seguir a la selección de fútbol y que ahora se encuentra vació rompiendo con su color rojo la magnifica estampa de esta plaza Pombalina donde el arco de la Vía Augusta nos  introducirá en sus calles comerciales perfectamente diseñadas y reconstruidas después del terremoto y posterior sunami de 1755 por el Marques de Pombal, estamos en la Baixa, una de las zonas mas comerciales de Lisboa.
El día de paseo y el calor esta ya haciendo mella junto con la noche pasada en el tren, con lo que decidimos recogernos optando por no caminar mas nos subimos a uno de los innumerables tranvías que discurren por la ciudad para dirigirnos a nuestro alojamiento.
tomamos unos "sandes" en un pequeño bar, también con su barra acristalada y compartimos mesa con un anciano solitario que nos invita a compartir su cena, "obrigado".
Mañana sera otro día.

domingo, 6 de julio de 2014

El cartero, ya no llama.

                                                                                  6 de julio de 2014

Estimados lectores: Como siempre deseos que os encontréis felices, yo he estado ausente durante unos días, digamos que he estado invernando en mi interior, suelo hacerlo de vez en cuando, es como una parada técnica.
Contaros que las ultimas noticias que han llegado a mi por los diferentes medios que suelo consultar me han llevado a esto.
Hoy, me he preguntado: ¿donde están esas cartas con su sello y matasellos?
Hacía tiempo que yo particularmente no escribía una carta y lamentablemente a mi buzón ya solo llegan recibos, avisos de cobro y propaganda variada.
Hemos avanzado tanto en la comunicación instantánea que creo que se nos va a olvidar sujetar un bolígrafo entre los dedos.
Ahora todo se escribe en una pantalla y se reduce a unas frases cortas, llenas de emoticonos, que a su vez sustituyen la descripción de nuestros sentimientos con la perdida consiguiente de nuestra capacidad lingüística.
Yo, particularmente, a veces, no se lo que me escriben y confundo palabras inteligibles con marcas comerciales que desconozco.
Aún están en mi tarro de recuerdos esas cartas contándome lo acaecido a mis amigos lejanos en los últimos días, esas cartas de agradecimiento o comunicación de un asunto importante, o esas cartas de amor, escritas en esos folios coloreados de forma suave y que al trasluz dejaban entrever unos paisajes románticos, suavemente perfumadas y en sobres acordes al contenido. Esas postales que llegaban desde diferentes puntos del mundo con sus monumentos emblemáticos estampados y que al dorso apenas podíamos leer lo que ponían debido a la escritura abigarrada y al consiguiente matasellos que había emborronado parte de la escritura.

No, ya no hay que esperar al cartero, atrás quedo esa ansiedad de padres, amantes, amigos. Ya no se pregunta, ¿hay carta?

El oficio de cartero desaparece, porque ya no escribimos, ya no nos escribimos en un folio.
Cuando fue la ultima vez que recibisteis carta de un amigo, de un amor, de un familiar.
¿Habéis probado a escribir una carta de amor por wasapp?
¡Os, reto!, podéis añadir emoticonos.
Sabéis, yo una vez lo intente.
La pantalla del móvil se me quedaba pequeña, me perdía al repasar lo escrito.
A la misma vez que escribía, me estaban entrando otras conversaciones que hacían zumbar el teléfono y perdía la concentración y el pulso.
El texto predictivo, si no me fijaba bien, añadía palabras que no quería poner.
Y había algo que yo no podía comunicar, el carácter único de mi escritura, la forma con que escribo determinadas letras, mi firma.
En realidad mis sentimientos llegarían al instante, es cierto, tras un ligero zumbido, o unas breves notas musicales, pero ya no se guardarían en una caja, o en el fondo de un cajón, para releerlos en las ausencias, quedarían olvidados en el maremágnum de conversaciones, en el mejor de los casos, o borrados porque la capacidad del teléfono es insuficiente para tantas conversaciones.
Desistí.

Ahora, tampoco se envían postales cuando vamos de viaje, antes nos acercábamos a cualquier establecimiento turístico nada mas que llegábamos para escribir: "Hemos llegado bien, esto es muy bonito, el hotel bien, ya os contaremos al regreso, aquí ya no entra mas." y firmaba el cabeza de familia, la madre, y toda la prole, porque claro, el destinatario tenia que ver que el niño ya sabia escribir, o al menos firmar y que estaban todos allí. Ahora mandamos un montón de fotos y caritas sonrientes, saturando la memoria de nuestros móviles.
Y cuando queríamos comunicar algo urgente, solo era posible a través de los telegramas.
Los telegramas siempre producían un estado de ansiedad indescriptible, y más si el servicio de correos no te había localizado en casa y te dejaba una nota comunicándote la llegada del telegrama que deberías recoger en la oficina correspondiente. Tu te encontrabas en un sin vivir esas horas previas.
Yo, una vez mande uno, ahora lo recuerdo con una sonrisa, era tal la necesidad de comunicar mis sentimientos a una chica, que no pude esperar a que regresara de un campamento, si le escribía una carta, cuando llegara ella ya estaría de vuelta, y lo más rápido para la urgencia de mis palabras era el telegrama. Luego me contaría, que nada más recibir el telegrama se vio rodeada de monitores, por eso, de que los telegramas producen ansiedad, el caso es que en este solo ponía un "te amo", pegadito en una tira de papel, intenso y a peseta la palabra, mas los cargos postales.

Lo curioso es que mi agenda, ahora se compone de números de teléfono y direcciones de correo electrónico, ya casi no hay direcciones postales.
No estoy en contra de la tecnología, tan solo echo de menos la sensación de sujetar un folio entre las manos escrito con cualquier bolígrafo. Echo de menos al cartero, al que yo he contribuido a despedir y echo de menos tener en un cajón sobres suavemente perfumados.

Gracias querido lector, me despido de ti atentamente, con un fuerte abrazo, a la espera de tus noticias.






martes, 17 de junio de 2014

Cebollas



  Una excursión campestre casi siempre se convierte en una nueva experiencia y en un reciente recuerdo y más si haces cosas que antes no habías hecho.
Ayer fue el caso, de nuevo nos reunimos un grupo de personas para asistir a las actividades que nuestros anfitriones nos habían preparado, el lugar muy de mi gusto, un albergue de peregrinos, en la cercanía de la sierra de Bejar, un pueblecito pequeño con multitud de adornos santiaguinos y de flechas amarillas, que sinceramente me hicieron sonreír y recordar. El plan perfecto, desayuno, café de puchero y pan con mermeladas caseras, después una sesión de iniciación al "taychi", en un pequeño prado alejado del pueblo y rodeado de robles y que algunos decidimos ir en bici, después una charla y un paseo hasta unas pozas con aguas sulfurosas que según decían los lugareños eran buenas para la piel y el estomago y que por supuesto probé. A mediodía comida diversa y variada, arroz con verduras, pollo, solomillo, berza rellena, morro de cerdo y como no las famosas chichas que por esta zona son tan habituales, todo ello regado con jarras de sangría, limonada fresquita y un vinho verde, después de la siesta unos y otros de la charla animada y el café con aguardiente, otro paseito esta vez a lomos de una yegua de raza asturiana, tozuda ella y que junto con mi inexperiencia, varias veces me descabalgo, produciendo las consecuentes risas del grupo.
Relatado esto a grandes rasgos, os diré que después de la sesión de "taychi" la cual me resulto muy agradable, por la persona que la impartió, el entorno y el descubrimiento de unos valores milenarios, nos sentamos formando un circulo a la sombra de unos robles que nos apaciguaron el calor que ya empezaba a hacer en la sierra, dispuestos a escuchar un cuento o parábola y que ahora comparto con vosotros a mi manera, pues los cuentos siempre conllevan en su tradición algún aporte del nuevo narrador respetando, eso si, la esencia del mismo. Puede que algunos ya lo conozcáis si es así, recordarlo y los que no, disfrutarlo.



Perdido en un valle entre montañas majestuosas se encontraba una aldea que disponía en uno de sus laterales, cercano a un arroyo, de un huerto lleno de hortalizas, varios arboles frutales y toda clase de plantas aromáticas, distribuidas en parterres formados con medios toneles.
Como todos los huertos, después de trabajarlo,  resulta agradable sentarse a la sombra de cualquiera de los arboles a contemplar los surcos bien trazados y como van creciendo en agradable disposición, patatas, lechugas, pimientos, tomates, judías, etc. Sentado se hallaba nuestro aldeano, contemplando el verdor y escuchando el canto de los pájaros, mientras dejaba deslizar su vista por los surcos, hasta que algo le llamo la atención, en unos surcos había sembrado hacia unos días unas semillas que encontró en su granero al fondo de un estante, aun con la tierra húmeda estas estaban brotando algo con unos colores centelleantes, no era posible, algo pasaba, se dirigió hacia allí, como sobresaltado y arranco la primera planta del surco, arrancada esta salio corriendo en dirección a la aldea, para avisar a sus vecinos.
-Ehhh! mirad, mirad, gritaba, agitando en alto una planta de color de color azul. Azul como una mirada, azul como el mar.
Alertados por las voces, los aldeanos salieron de sus casas, de los establos y pajares, abandonando sus tareas  se dirigieron al huerto.
Una vez allí, entre los arboles frutales y con los ojos como platos miraban el arco iris de plantas que se había formado.
Era extraordinario, Manuel, el encargado de cuidarlo, arranco una amarilla. Amarilla como una sonrisa, como un bonito recuerdo. La alzo para que todos la pudieran ver. Al lado de la amarilla, había una verde. Verde como la pradera del valle, verde como el frescor.
Ahora la roja! -gritaban. Y la roja fue sacada de la tierra. Roja, como un corazón, una pasión.
Manuel salio de entre los surcos y les dijo que ya estaba bien, y depositandolas en un cesto con cuidado, salio del huerto en dirección al salón que utilizaban en invierno para reunirse. Todos le siguieron murmurando en bajo. Una vez allí, apartaron bancos y tajos y dispusieron una mesa en el centro, a la que se acercaron los mas ancianos de la aldea y los niños, que miraban con cara fascinada mientras sonreían.
Abra que abrirlas y ver que tienen! -grito alguien desde el fondo. Todos giraron la cabeza hacia él a la vez que asentían. Si!, Si veamos que hay dentro.
Uno de los ancianos saco una navaja de su bolsillo y sujetando la planta azul, clavo la punta en el pequeño bulbo donde estaban sus raíces, la partió con delicadeza, en su interior albergaba un zafiro de un intenso color azul que arranco un: ¡Ohh! generalizado y un montón de murmullos, la amarilla descubrió en su interior un citrino, con su color amarillo limón, esta vez el ¡ohh! fue mas largo y audible, pues nunca antes habían visto una piedra de ese color, todos movían a un lado y otro la cabeza, inquiriendo al de al lado una respuesta que ninguno tenia. Adriana, junto a los otros niños sonreía de puntillas en la primera fila de aldeanos.
Cuando el anciano cojio la planta roja, algunas voces se alzaron entre los murmullos, las mas jóvenes, -esa tendrá un rubí!, si que hay mas rojo que un rubí?. El anciano partió el bulbo y apareció un rubí de un rojo intenso. Todos se pusieron a aplaudir alborozados. Ya solo quedaba la planta verde, esta vez el murmullo vino de la zona donde se encontraban los más ancianos, cuchichearon entre ellos. Hablaban de si la piedra que aparecería seria una crisoprasa, como la que Alejandro Magno llevaba antes de entrar en batalla, pero en su lugar apareció una esmeralda de un verde cristalino.
Todos se abalanzaron sobre la mesa, querían tocar esas piedras, y discutieron en voz alta, por alguna incomprensible razón, se empezó a discernir que aquello era peligroso, intolerable, vergonzoso y se dirigieron de nuevo al huerto en una algarabía subida de tono. Preguntando a Manuel de donde había sacado esas semillas.
No pararon en su discusión arremolinados frente a los surcos de las plantas de colores, que poco a poco y a medida que los aldeanos mas se alteraban fueron perdiendo su fulgor, poco a poco los colores se fueron difuminando, las antaño bellisimas plantas, fueron transformándose, escondiendo sus piedras preciosas, capa tras capa, para disimular como eran verdaderamente por dentro hasta que se convirtieron en unas cebollas vulgares. Los aldeanos se fueron dispersando en grupos, quedando el huerto en silencio y sin percatarse que a la sombra de una higuera, se encontraba Adriana que miraba ensimismada en dirección a los surcos donde antes había plantas de colores.
A los pocos días apareció un sabio.
Al sabio le gustaba sentarse a la sombra de los arboles y observar las plantas con su espalda apoyada en el tronco, entendía el lenguaje de las plantas, de la tierra, de los arboles.
Miro las plantas que crecían cerca del pozo y las pregunto, una por una.
-¿porque no eres por fuera, como eres por dentro?
Adriana contempla la escena sonriendo, desde el día que habían aparecido las plantas de colores, visitaba el huerto a menudo.
Las plantas fueron contestando en un lenguaje que solo entendía el sabio.
Nos obligaron a ser así, tuvimos que cubrirnos de capas rápidamente, para ocultar nuestro interior.
Al final el sabio se puso a llorar, y los aldeanos le vieron llorar, pensando que llorar delante de las plantas era de personas inteligentes. Adriana le sonrió, y le dio la mano, ha ella le había gustado la amarilla, era su color preferido, como el de su madre.
Adriana, -dijo el sabio- busca a Manuel y dile que sus plantas ya pueden ser recolectadas.
Y se alejo de la aldea.
Desde entonces todos seguimos llorando cuando una cebolla nos abre el corazón.

"¿ Cuantas capas tienes tapando tu interior?"